El comedor del colegio público CEIP Elisenda de Montcada (Vallcivera, s/n) lleva desde septiembre haciendo las veces de taller de pequeños músicos. Los platos y cubiertos comparten espacio con las trompetas, saxos, bombardinos y otros instrumentos de percusión tres días a la semana. «El objetivo final es la cohesión social, que entiendan que todos son necesarios para que una partitura suene bien», explica Encarna Ruiz, directora del centro educativo.
Unos 40 niños y niñas, de 3º a 6º de primaria, disfrutan de estas sesiones teóricas y prácticas durante el mediodía, en diferentes turnos, para poder compartir los instrumentos cedidos por la escuela. «Por el momento solo pueden apuntarse los alumnos que se quedan al comedor, pero la idea es integrar este proyecto al currículo, en la sexta hora», explica Ruiz, quien desearía «que cada clase tuviera su propia Marching Band y un grupo de batucada». Pero para este ambicioso objetivo el centro educativo necesita «que los recursos aportados por las administraciones acompañen», aunque tampoco descartan el mecenazgo por parte de empresas privadas.
Chavales precoces
El pequeño Darwin Díaz toca el trombón y tiene claro que no cambiaría ese instrumento por ningún otro. «Es complicado, pero me gusta mucho», explica un alumno que gracias a estas clases de música está superando unos ligeros problemas de audición. Jennifer Camacho y Maria Serrano tocan el saxo y la caja respectivamente, y piden más horas. «Tenemos compañeras que también quieren, sobre todo después de vernos tocar», cuenta Camacho. Y es que, las bandas del CEIP Elisenda de Montcada ya han salido del comedor para deleitar a otros alumnos y vecinos del barrio.
Basta con ojear las orlas del pasillo frente al despacho de dirección para comprobar que el porcentaje de alumnos hijos de inmigrantes ha ido aumentando en los últimos 10 años. Esta realidad motivó un modelo mucho más participativo: «Un 85% de los niños pertenecen a familias recién llegadas. Por eso, una de nuestras máximas preocupaciones es que no haya separación entre las dos partes, ni barreras de ningún tipo», dice la directora. Fundado en 1968, este colegio de Ciutat Meridiana se ha convertido en un ejemplo destacado de comunidad de aprendizaje. «Nuestro modelo incluye asambleas anuales y comisiones mensuales. Familias y docentes trabajamos juntos para mejorar la escuela», detalla la directora de un centro que está adscrito al Mus-e, un programa de acercamiento a las artes escénicas.
«Como escuela queremos que los alumnos mejoren sus resultados académicos, pero también fomentar la cohesión con este tipo de proyectos», añade Enric Muntané, jefe de estudios. La mayoría, continúa el profesor, son familias «desfavorecidas» y todo aquello que no ofrezca la escuela pública «difícilmente podrán disfrutarlo». Estas clases gratuitas pretenden ser una alternativa al deporte, y una oportunidad para trabajar otros valores como la cooperación, la responsabilidad y la disciplina.