LAS NOVEDADES
TRAVESSERA DE GRÀCIA, 321
Casi un museo
Las dos puertas que tiene Las Novedades son las que antaño separaban la zona de mercería, perfumería y papelería, de la de ropa y tejidos. «Hoy la parte de mercería ha quedado casi como museo, intacto, porque no hay el mismo volumen de trabajo», aclara Sergi Calafell, tercera generación de un negocio que funciona desde 1927. Y es que no hace tanto eran necesarias muchas manos para atender a tantos sastres y modistas que compraban metros y metros de tela. «Ahora estoy solo, y es suficiente porque se ha convertido en una mercería de barrio», afirma Calafell, quien para hacer algo de caja necesita vender ropa interior, pijamas y batas.
CIURÓ
TORRIJOS, 6
Con la ayuda del mercado
La mercería Ciuró todavía es conocida como Ca l'Òscar, su anterior dueño, muy querido en el vecindario. «Comencé como dependienta de jovencita y hace 20 años me quedé con el negocio, aunque desde hace cinco se encarga mi hijo, Antoni López», dice Maria Rosa Ciuró, ya jubilada. «Vengo de trabajar en el sector, en una mercería del Eixample algo más especializada en decoración, y el público es muy diferente», cuenta Antoni López, actual propietario. Y es que la mercería Ciuró es una tienda de barrio, aunque «puedas encontrar de todo y más», y está muy bien situada. «Estar pegados al mercado municipal ayuda mucho», añade el dueño.
Mª ROSA TARRAGONA
SANTA EUGÈNIA, 14
Clientela tradicional
«Los padres de mi suegra abrieron la mercería en 1917. El negocio ha ido evolucionando porque no puedes vivir vendiendo solo hilos y cremalleras», cuenta Vivian Cartes, al frente de un negocio eminentemente familiar y que hoy está «más centrado en el género de punto». El escaparate, como otras tiendas de ropa, cambia con la temporada y este verano se ha vestido de bañadores. Aunque ubicados a dos pasos de Gran de Gràcia, «los clientes vienen por tradición pues la calle de Santa Eugènia no es de paso», asegura Cartes, quien ha detectado un rejuvenecimiento de su clientela debido al auge de los cursos de costura y diseño.
LA CARMINA
GRASSOT, 73
Tres generaciones
Carmina, la abuela, dio nombre a la mercería del número 73 de la calle de Grassot que hoy regenta con toda la ilusión su nieta, Gemma Juvé. «Estaba trabajando en una empresa y cuando mi madre pensó jubilarse decidí coger el relevo porque estaría mucho más tranquila, y ganaría en calidad de vida», dice la joven propietaria de un negocio que con el tiempo se ha ido centrando en el textil, sobre todo en la ropa interior. La mercería La Carmina tiene una clientela muy fiel, «de toda la vida», y nunca faltan un par o tres de sillas para que puedan encontrarse y hacer la tertulia.
BARNADÓ
TRAVESSERA DE GRÀCIA, 203
Escuchar y asesorar
En la Travessera de Gràcia con la calle de Ciudad Real, la mercería de la familia Barnadó lleva abierta años y años, tantos que su actual dueño ha perdido la cuenta. «Siempre hemos estado en este edificio y vivíamos arriba. Soy la tercera generación, pero no sabría decir cuando la abrieron mis abuelos», confiesa Santiago Barnadó, detrás del mostrador desde que cumplió la mayoría de edad. «En las grandes superficies tienen cuatro cosas, pero aquí encuentras de todo. Escuchamos y asesoramos, para que se vayan contentos con aquello que necesitan», cuenta un propietario.
LOLA BOTONA
SARDENYA, 359
Costura desestresante
Maria Dolors Junyent cogió una mercería centenaria hace apenas 15 años y convirtió su afición en su trabajo. «Trabajaba en algo que no tiene nada que ver y coser era mi desestresante», bromea. En la actualidad organiza en su local de la calle de Sardenya encuentros con otras personas aficionadas, con diferentes niveles, y las unas enseñan a las otras mientras pasan un buen rato charlando. «Desde cosas complejas como el patchwork a la costura de supervivencia», explica Junyent, quien recibe en su tienda un perfil de público variado, desde señoras mayores a universitarias.
Información publicada en la página 43 de la sección de Distritos de la edición impresa del día 05 de septiembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)