Canet Rock 2015

UNA historia deL EIXAMPLE... Casa Macaya

La mansión que cambió el lujo por el fin social

La joya modernista del paseo de Sant Joan albergó a industriales, presos, ciegos y sordos

ÓSCAR HERNÁNDEZ
BARCELONA

Miércoles, 13 de marzo del 2013

Belleza modernista 8Patio interior, ahora cubierto, de Casa Macaya.

La casa más bonita del paseo de Sant Joan se llama Macaya. Hasta algunos insisten en llamarla palacio. Su autor, Josep Puig i Cadafalch, aparece esculpido en la fachada, junto a la puerta principal, montado en bicicleta. Lo inmortalizó así el escultor Eusebi Arnau porque el arquitecto modernista utilizaba la bicicleta para poder supervisar la construcción simultánea de dos joyas modernistas: esta del paseo de Sant Joan, 108, y la Casa Amatller, en el paseo de Gràcia.

En 1898, el industrial Roman Macaya Gibert encargó a Puig i Cadafalch la enorme casa del paseo de Sant Joan en una época en la que los empresarios catalanes pugnaban por lucir mansiones. Es un impresionante edificio caracterizado por sus esgrafiados en ocre, el trabajo de forja y los acabados de las ventanas de la austera fachada de estuco blanco.

La Casa Macaya luce en un patio interior, ahora cubierto, una solemne escalera blanca en cuya barandilla hay esculpidas fábulas. Incluía la finca, antes de su partición en varios solares, un gran jardín en la parte de atrás.

Macaya solo vivió 14 años con su mujer y sus dos hijos en la lujosa residencia. Después la vendió al industrial reusense Juan Vilella Estivill. «Durante la guerra incivil las carboneras del edificio, se convirtieron en checa y albergaron a presos», explica Josep Maria Duran Bellido, relaciones públicas de la Casa Macaya, quien en los últimos años ha profundizado en su historia buscando documentos e interrogando a vecinos y familiares. A causa de los destrozos de la guerra, la Casa Macaya fue vendida a La Caixa de Pensions en 1947. La entidad la reformó para alojar el Instituto Educativo de Sordomudos y Ciegos. En 1986 fue declarada Bé Cultural d'Interés Nacional y luego albergó el Centre Cultural de la Fundació La Caixa. Acogió exposiciones y también parte del Museu de la Ciència. «Fue embrión del CosmoCaixa y de CaixaForum», precisa Duran. Tras permanecer cerrada 10 años, la Casa Macaya reabrió remozada en octubre pasado. Ahora ofrece sus numerosas salas de reuniones y conferencias a oenegés y universidades. «Motivar el diálogo entre los sectores sociales es ahora nuestra razón de ser», afirma la coordinadora, Patricia Blanco.

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