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Adoptó su nombre -Fort Pienc- del gentilicio de quienes ocupaban el fuerte Pius, el fortín militar que Felipe V mandó levantar junto a la Ciutadella. Y hoy, el Arc del Triomf sigue siendo la referencia más clara para situar el barrio de Fort Pienc, el menos conocido de los seis que aglutina el distrito del Eixample. Joaquim Mallén preside la asociación de vecinos, además de regentar, desde hace 23 años, un comercio en la zona.
Información publicada en la página 48 de la sección de Distritos de la edición impresa del día 11 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
—¿Las necesidades de un barrio las observan mejor los ojos de un comerciante o los de un vecino?
—Es diferente. Por eso, en el Fort Pienc hemos querido distinguir y articular por separado la asociación de vecinos y la que engloba a los comerciantes. Porque una cosa es vivir en el barrio y otra trabajar en él. El comerciante está en contacto con muchos vecinos, y estos le pueden poner al corriente de muchas cosas, buenas y malas, pero son los vecinos los que duermen en el barrio y hacen uso de sus servicios.
—Usted lo reúne todo. Vive y trabaja en el barrio. Y, además, de desde toda la vida.
—Sí. Mi padre ya tenía una tienda, en su caso de alimentación, y yo una papelería-librería. Y tanto mi mujer como yo -que además también está en la junta de la asociación vecinal- vivimos y trabajamos en el barrio. Lo cierto es que, aunque los dos sabemos desconectar, tenemos muy presente al barrio y a su gente, tanto lo que todavía queda por mejorar como lo que ya se ha logrado.
—De lo que ya es una realidad, ¿qué destacaría?
—Yo empezaría recordando que la propia asociación de vecinos del Fort Pienc nació justamente para reivindicar los terrenos que Renfe abandonó, a principios de la década de los 70, desde su antigua estación de trenes, hoy estación de autobuses del Nord, hasta Glòries. Donde había vías muertas, pedimos equipamientos para el barrio y se construyó la nueva estación, un polideportivo, el Teatre Nacional de Catalunya (TNC) y el Auditori.
—¿Qué repercusión tiene la estación en el barrio?
—A pesar de que al año pasan por ella alrededor de un millón de viajeros, la incidencia en el barrio es poca. Están de paso y muchos son turistas de mochila que llegan en autocar desde una capital europea y conectan directamente con el metro para ir al centro a visitar la ciudad o a instalarse en algún hotel o albergue y continuar su ruta.
SEmDEl Fort Pienc no tiene, todavía, hoteles ni reclamos para atraer a esos turistas que están de paso, pero sí que los tiene, con el TNC y el Auditori, para barceloneses, y catalanes. Su apertura sí que se habrá notado en el barrio.
—Eso sí, sobre todo porque la Escola Superior de Música de Catalunya (Esmuc) tiene su sede en el Auditori y muchos estudiantes viven en pisos del barrio, y el fin de semana, si son de alguna localidad catalana, regresan a sus ciudades o pueblos. Los conciertos y actuaciones también dan vida a este barrio, pero tampoco tanta, más que nada han servido para darlo a conocer a la gente.
—Quizás porque faltan restaurantes junto a esos dos magníficos centros culturales.
—Sí. Somos conscientes de que hace falta una oferta de restauración nocturna. Eso lo contempla también el estudio que hizo la asociación de comerciantes Eix Comercial Fort Pienc, que se constituyó hace un año.
—¿Qué más falta en el barrio del Fort Pienc?
—En el último Pla d'Acció Municipal (PAM) incluimos una veintena de reivindicaciones, entre las que figuran: la escuela municipal Els Encants, que ahora funciona en barracones; un CAP y una residencia pública para mayores con centro de día. También pedimos que finalice la reforma del paseo de Sant Joan y las obras de la plaza de André Malraux y que se construya un segundo instituto, para el que ya se dispone de solar. Solo falta hacerlo.
—Y para la Monumental, ¿qué les parecería un proyecto como el de la plaza de las Arenas?
—No! Nosotros apostamos por el comercio de proximidad, queremos potenciar las tiendas del barrio. En la Monumental, nos gustaría que hubiera un circo estable, con escuela incluida. Así, el Fort Pienc podría culminar lo que ya apunta ahora, un barrio con equipamientos culturales para la ciudad. Ya tenemos música, teatro, y con esta apuesta también tendríamos el circo.