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GENTE DE LES CORTS

Camarero. Encargado jubilado del frankfurt Pedralbes.
Un local muy popular El encargado del frankfurt Pedralbes lleva unos 50 años preparando los mismos bocadillos. Ahora se jubila. Entre sus clientes hay futbolistas del Barça.

Jesús Gavilán: «Nunca he hecho fiesta en domingo»

Miércoles, 3 de octubre del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
ÓSCAR HERNÁNDEZ
BARCELONA

Llegó a Barcelona como un emigrante más con un trabajo apalabrado. Tenía 17 años y su jefe fue a recogerle a la estación de França. Empezó vendiendo frankfurts en casetas en la Costa Brava y en ferias y jamás ha cambiado de empresa. Jesús Gavilán (Jaén, 1945) es el encargado del popular frankfurt Pedralbes (Alfambra, 16). O mejor, era. Se jubiló el lunes. Muy a su pesar. Tenía el trabajo a 20 metros de su piso, frente al cuartel del Bruc. Ahora confiesa que se irá unos días a su torre en Cervelló para no tener que ver el frankfurt bar cada día. Así evitará la tristeza.

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Información publicada en la página 48 de la sección de Distritos de la edición impresa del día 03 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

—No quiere jubilarse.

—Es que lo voy a echar de menos. Llevo en este frankfurt desde que se abrió, en 1972, y lo quiero como si fuera mío. Tengo una pena enorme porque he pasado aquí toda la vida. Aunque mi mujer se alegra de que me jubile y mis hijos, también. La verdad es que en todos estos años nunca, nunca, he podido hacer fiesta en domingo, porque ha habido mucho trabajo.

—¿Cómo vino a parar aquí?

—Llegué a Barcelona en tren desde Jaén gracias a unos conocidos que trabajaban con Isidro Vallès, el padre del dueño de Frankfurts Casa Vallès. Yo tenía 17 años. Él me vino a buscar a la estación de França y me dio el trabajo. Siempre he trabajado con él. Al principio en ferias, en casetas en la Costa Brava, en el Maresme, en Mallorca... Luego nos instalamos aquí en Pedralbes, junto a la Diagonal, y en 1972 abrió el actual frankfurt de la calle de Alfambra.

—Por el tiempo que lleva y la cara que pone, veo que le ha gustado.

—Sí, mucho. Pero es un trabajo muy esclavo. En 50 años no he hecho fiesta ni un solo domingo, y eso la familia y las hijas lo han tenido que sufrir. Pero te ganas muy bien la vida. La semanada es buena. A lo duro te acostumbras. Me gustan todos los trabajos que hay en el frankfurt: cocinar en la plancha, envolver los bocadillos, hablar con los clientes...

—Y casi siempre con el local a tope.

—Los clientes nos preguntan por qué siempre hay tanta gente. De hecho, vienen padres que venían de jóvenes y ahora lo hacen con sus hijos. Yo creo que para porque el género es bueno, de la misma empresa. Además, antes se aparcaba muy bien, cuando no estaba la universidad. Vienen muchos estudiantes, pero ahora menos con la crisis. Y los días de partido, sobre todo si el Barça juega a las ocho, acuden muchos aficionados antes y después del encuentro.

—Y los jugadores...

—Sí, también. Aquí han venido varias plantillas de jugadores del Barça. A veces hasta vienen en su coche y nos llaman para que les acerquemos una bolsa con sus bocadillos y bebidas. Evitan que la gente les reconozca. También tenemos clientes famosos como Constantino Romero, la cantante Lolita y algún ministro.

—¿Cuántos frankfurts en un día?

—Podemos hacer unos 500. Aunque también servimos muchas salchichas cervelas y blancas (bratwurst).

—Y con tanta gente en un local tan pequeño, ¿nadie se va sin pagar?

—Hace unos días se fue uno que había pedido tres bocadillos. Se piensan que no nos damos cuenta. A veces te dicen que no tienen dinero y que van al cajero. Yo he seguido a alguno y he visto como al llegar al cajero echan a correr. ¿Qué vas a hacer?

—La crisis, supongo.

—Pues no, con la crisis no hay más casos de gente que no pague. Lo que sí se nota ahora es que los estudiantes, que antes venían mucho a desayunar o a comer, ahora vienen menos. Otra cosa que afecta es cuando pierde el Barça. Entonces viene menos gente a cenar.

—¿Va bien vivir al lado del trabajo?

—Es una ruina (sonríe). Aunque esté de fiesta, si pasa algo, como encargado, me llaman y bajo enseguida. O si hay que buscar cambio, también. A veces de noche se dispara la alarma y como la oigo desde el piso, bajo a mirar. Es muy difícil desconectar. Pero lo he hecho siempre porque he querido, ¿eh? Porque este sitio ha sido siempre como si fuera mío.

—¿Y ahora, qué?

—Como me levanto temprano, llevaré a mis nietas al colegio por la mañana. Cogeré el tranvía y con eso pasaré media mañana. También me apuntaré al gimnasio. Con la pensión espero no tener problemas. He cotizado el máximo y no soy hombre de vicios. Soy muy casero.

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