Hay una iglesia que muchos barceloneses desconocen pese a estar a solo unos pasos de la plaza de Sant Jaume. Se utilizó como catedral mientras ésta se construía y fue mezquita durante 80 años. Es la iglesia de Sant Just i Pastor, dos niños mártires, que se construyó en el siglo XIV. Tiene un campanario inacabado y varios edificios de viviendas pegados a sus paredes por la falta de espacio en la Barcelona amurallada. Esta es solo una de las muchas historias narradas por Jordina Caramasa, la guía del programa Sopars medievals al Palau Requesens que cada viernes y sábado incluyen, por 68 euros, un viaje en el tiempo con ruta histórica, cena medieval y conferencia.
Entre piedras centenarias 8 Una de las cenas que se realizan los viernes y sábados en el Palau Requesens. ÁLVARO MONGE
Información publicada en la página 44 de la sección de Distritos de la edición impresa del día 17 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Historias de la ciudad
El viaje comienza con una copa de cava en las antiguas cocheras del Palau Requesens (Bisbe Caçador, 3), sede de la Acadèmia de les Bones Lletres, un edificio medieval cuyo balcón se asoma sobre la muralla, como se comprueba en una visita guiada al impresionante edificio y en cuyo patio se realiza el ou com balla. Después, los invitados callejean por el barrio Gòtic para conocer historias de la ciudad tan interesantes como la del cambio de patrona, de Santa Eulàlia a la Mercè, por las plegarias no atendidas tras una terrible plaga de langostas, o la existencia de un supuesto banco de piedra en la entrada lateral del Ayuntamiento que no se diseñó para sentarse sino para que los prohomes, los únicos que podían ir a caballo en el centro, subieran a sus monturas.
La visita de casi una hora culmina con una cena medieval en la que, como en la Edad Media, se combina dulce y salado con resultado sorprendente. De primero, melocotones rellenos de carne y setas, con ensalada de membrillo, mató, anchoas y muslitos de codorniz con vinagreta de cítricos. Y aún faltan el segundo y el postre.
Después, Camarasa explica quiénes eran los marginados de la Barcelona medieval, desde las prostitutas a los judíos. «Cambiamos los temas pero procuramos que sean charlas divulgativas que atraigan», cuenta Camarasa, de 23 años, licenciada en Humanitats, que demuestra sus dotes de actriz captando la atención de los comensales.
Entre ellos está Jaume Camprubí, que acude con su amigo Víctor tras recibir el regalo sorpresa de la actividad. «No tenía ni idea de adónde veníamos, pero tanto la visita como la cena nos han encantado», dice. Xavier Ortega y Alicia López descubrieron estas rutas en Alemania y han hecho varias. «Estuvimos en el Observatori Fabra y vamos a muchas del Museu d'Historia. Así conocemos la ciudad», dicen satisfechos.