A la mínima que veía una pelota en la calle, yo ya estaba allí». Con ese recuerdo de infancia tan presente, en su Horta natal, el actor Jordi Martínez retrata no solo una de las aficiones que ocuparon sus horas de pequeño. Ese también es el retrato de una época y costumbres que pocas infancias de hoy pueden reproducir en ciudades como Barcelona. «Yo he vivido el Horta de las puertas de las casas siempre abiertas, y jugando todas las horas que podía, en plena calle», explica Martínez, hoy reconvertido en el detective Kubala, en la serie Kubala, Moreno i Manchón, que Televisió de Catalunya emite los lunes por la noche.
Lluïsos d'Horta El día que uno decide ser lo que esEN EL ESCENARIO DEL CENTRE PARROQUIAL DE FELIU I CODINA, 7, MARTÍNEZ VIVIÓ SU PRIMERA SENSACIÓN DE ÉXITO Y DIJO: «QUIERO DEDICARME A ESTO» JONATHAN GREVSEN
Información publicada en la página 49 de la sección de Distritos de la edición impresa del día 08 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
La pelota y más tarde sus primeros papeles en el escenario del Centre Parroquial de los Lluïsos d'Horta, con representaciones ancestrales como los Pastorets, se llevaban gran parte de la energía de aquel joven vecino de Horta. «No repetí ningún curso, pero, en clase, era muy perezoso. A mí lo que me motivaba era jugar a fútbol», admite el actor, afincado actualmente en Santa Coloma de Gramenet, la ciudad de donde es su esposa.
Cal Cabrer
En aquel Horta de masías, como la emblemática Can Mariner reconvertida en biblioteca municipal, «todo el mundo tenía mote, bueno, las personas mayores; o se les conocía por el nombre de la casa a la que pertenecía», explica Martínez. Como sucede hoy en cualquier pequeño pueblo. La madre de Jordi Martínez era de Cal Cabrer. «En su casa, tenían cabras y despachaban leche de cabra», cuenta el actor, que también rememora el espíritu rural de su barrio de infancia con otros detalles. «Yo iba a comprar sin dinero. En las tiendas, ya sabían que en cualquier momento pasaría mi madre a pagar», dice.
La vida de Jordi Martínez transcurrió durante 20 años en el barrio. «Aquí hacíamos toda la vida, en muchos aspectos. Teníamos nuestro grupo de escoltes y cine todos los domingos con dos películas en los Lluïsos, con dos grandes proyectores con los que yo ayudaba... Todos los amigos eran de Horta, por lo que pasábamos mucho tiempo sin salir del barrio», recuerda Jordi Martínez, quien tiene, además, a los hortenses, como gente de raíces profundas. «Los de Horta llevamos siempre las raíces con nosotros, no te quitas nunca Horta de encima», afirma. «Yo creo que siempre hay un momento en el que crees que acabarás volviendo a afincarte aquí», considera Martínez.
«Yo aquí fui muy feliz, sentías libertad en todas partes, podías estar solo que siempre te sentías seguro, en aquella vida en la calle, no había peligros. Todo el mundo te conocía y siempre estabas vigilado. Hoy, un niño de 10 años no puede sentir lo mismo en la calle», compara el actor, que es padre de dos hijos.
Horta fue la cuna de Jordi Martínez en el mundo teatral. «Tenía ocho años y ya venía al Centre Parroquial a ver obras que no entendía», reconoce. «Eran montajes de creación colectiva, de los que, a pesar de que yo no los entendía por completo, todavía me acuerdo de algunos trozos de texto», asegura Martínez, que, a la espera de la confirmación de próximas temporadas de la serie que coprotagoniza en TV-3, inicia este mes, en Madrid, el rodaje de la película Atraco, que dirigirá Eduard Cortés.
Escuela de teatro
Jordi Martínez es el pequeño de cuatro hermanos. Su padre ya era un apasionado del teatro. «Absolutamente de manera amateur, todos estuvimos en los Pastorets», dice. «Nos gustaba, al salir del trabajo, tres días a la semana, ir a ensayar. Al cabo de unos meses, hacías la función. No cobrabas, pero la exigencia de nuestro director, del Grup d'Estudis Teatrals d'Horta, Josep Muntanyès, era como si fuéramos actores profesionales», puntualiza Martínez. Lluís Pasqual, Àngels Moll, Rosa Maria Sardà y Lluís Homar fueron parte de la hornada de actores de ese Horta tan fecundo para la cultura escénica.
Y fue en su intervención en Home amb blues, donde Jordi Martínez vio la luz sobre su futuro. «Con aquella sensación que te deja el éxito, que te sube a tope la adrenalina, fue cuando me dije a mí mismo que quería dedicarme a esto», recuerda, quien retomará sus bolos con la obra Luces de bohemia, de mayo a junio y de septiembre a octubre.
Martínez también será parte del espectáculo que prepara Martí Torres. «En cuatro barrios diferentes de Barcelona, cada semana haremos una función dentro de un autobús», avanza el actor que da vida al detective Kubala. «Es un buen tío, con principios, y una oportunidad para que la gente me deje de relacionar con Paco, de Ventdelplà, a quien le tengo mucho cariño, pero ahora puedo mostrar una tesitura diferente, otro registro», argumenta Jordi Martínez, desde su Horta natal.
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