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Cine en el foso

Más de 2.000 personas acuden los lunes, miércoles y viernes a ver buen cine en el castillo de Montjuïc

El público puede cenar, beber y hasta fumar mientras ve la proyección

Miércoles, 18 de julio del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
ÓSCAR HERNÁNDEZ
BARCELONA

Centenares de personas bordean la muralla del castillo. Muchas de ellas llevan bolsas con comida, esterillas, neveras portátiles y algunas hasta hamacas. No es un día de playa, sino una noche de cine. Al aire libre, eso sí. El público, más de 2.000 personas, comienza a esparcirse en la explanada de césped. Se apagan las luces. Arriba, las estrellas. El proyector comienza a emitir su tic-tic-tic y vomita un inmenso chorro de color y movimiento en la inmensa pantalla, la segunda más grande de Barcelona. Son las 10 de la noche y empieza una nueva sesión de buen cine en la Sala Montjuïc, en el foso del inmenso castillo urbano. Este es el décimo verano de proyecciones estivales amuralladas en la ciudad.

Bajo las estrellas 8 Un momento de la proyección de 'Pequeñas mentiras...', el pasado miércoles. FERRAN NADEU

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Información publicada en la página 48 de la sección de Distritos de la edición impresa del día 18 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

«La idea de montar el cine al aire libre en Montjuïc se nos ocurrió después de ver un festival similar en París que lleva 20 años funcionando», explica Mireia Manén, codirectora de la Sala Montjuïc junto a la francesa Natalie Modigliani. Ambas se cuidan de que todo esté a punto en las noches de lunes, miércoles y viernes en que abre la Sala Montjuïc. Y es que el cine se monta y se desmonta. «La pantalla de 150 metros cuadrados se coloca antes de la sesión», indica Manén. El mismo foso se utiliza durante el día para practicar tiro con arco.

Unas 50 personas trabajan en este cine a la intemperie entre técnicos de imagen y sonido, personal de restauración, seguridad y venta de taquillas. Uno de los puestos importantes, además del de las directoras, es el de Juan Antonio Sin, operador de cámara o proyeccionista. Controla una inmensa máquina de proyección Victoria 8 capaz de lanzar la imagen a 100 metros. Y en ella discurre una bobina de 4.000 metros de una película genial, esta vez Pequeñas mentiras sin importancia. «Posiblemente el año que viene el proyector será digital y, aunque se verá mejor, se perderá parte del encanto», dice Sin, nostálgico, tras montar proyectores portátiles en varios municipios.

Abajo, en el foso, más de 2.000 personas siguen la proyección sentadas o echadas en la hierba. Muchos cenan y beben, y algunos hasta fuman. Todos han pagado 5 euros. Los más preparados llevan chaqueta. Al que le falta la hamaca, la puede alquilar por 3 euros. Las esterillas son gratuitas y hay bar. La experiencia invita a repetir. «Ya vine el año pasado. La localización es increíble y se siente el mismo rollo que en un concierto», cuenta Kika Chinchilla, de 40 años. Muy cerca, Manolo de Gomar, de 34 años, y Esther Prior, de 26, dicen que han venido de Ripollet. «Probé el cine al aire libre en Barbate (Cádiz), pero es mi primera vez aquí. Lo busqué por internet y miré que hiciera buen tiempo», dice De Gomar. Pero no llueve. No lo ha hecho en 10 años y 114 proyecciones en Montjuïc. Que dure la racha. Hasta el 8 de agosto quedan El discurso del rey (esta noche) y El moderno Sherlock Holmes de Keaton, entre otras.

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