El barrio de Besòs-Maresme cuenta desde principios del mes de junio con un nuevo equipo de educadores sociales llamado Servei d'Intervenció a l'Espai Públic cuyo objetivo es impactar positivamente en el territorio en términos de convivencia y civismo. Su despacho son las calles y sus compañeros de trabajo, el vecindario, comerciantes y entidades del barrio. «Besòs-Maresme es un territorio de clase trabajadora con unas características muy especiales, mucho más acentuadas en tiempos de crisis. Los diagnósticos previos nos ha permitido saber por dónde tenemos que empezar», explica Dolors Rubio, directora de Serveis als Territoris del distrito de Sant Martí.
Juanmi Iglesias, coordinador del Servei d'Intervenció de l'Espai Públic, recorre la calle de Ferrer Bassa, en el barrio de Besòs-Maresme, el pasado lunes. JOAN PUIG
Información publicada en la página 42 de la sección de Distritos de la edición impresa del día 27 de junio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
El Servei d'Intervenció a l'Espai Públic, integrado por dos educadores sociales sobre el terreno y un coordinador, trabajará mano a mano como elemento complementario con el resto de agentes desplegado en la zona, desde Serveis Socials a los educadores de calle llamados APC (a pie de calle). Rubio destaca la importancia de trabajar en equipo, «de forma transversal y en red».
PERFIL CALLEJERO / «Se ha buscado un perfil de educador social especializado en la calle, de espacio público y resolución de conflictos. No tanto de tiempo libre», aclara la directora de Serveis als Territoris del distrito. Su principal cometido es detectar situaciones y dinámicas que puedan perjudicar la convivencia, pero también corregirlas para minimizarlas o, en el mejor de los casos, erradicarlas. De esta forma, explica Rubio, también «reducirán la alarma social y mejorarán la sensación de seguridad». Para corregir estas acciones no pueden multar, pues su única arma es la palabra. «En ciertas situaciones no quedará otra que contactar con la Guàrdia Urbana, pero el objetivo es ganarse la confianza de los vecinos y vecinas autores de comportamientos incívicos para que no sea necesario. Es un trabajo socioeducativo que requiere su tiempo, como todo proceso», explica Juanmi Iglesias, coordinador del Servei d'Intervenció a l'Espai Públic.
Entre las novedades respecto a otros grupos de trabajo en la calle, este nuevo equipo no tiene horario y «el 90% de su tiempo» están en la calle analizando e interactuando mañana, tarde y noche. «Nuestra disponibilidad es total, pues estamos cuando realmente se nos requiere. En la verbena, por ejemplo, trabajamos de noche para observar la conducta de los vecinos e intervenir si era necesario», cuenta Iglesias, quien también destaca «la mirada integral» de su equipo al no estar centrado en un colectivo concreto sino en el espacio público.
POTENCIAR LAS VIRTUDES / Las potencialidades del vecindario deberán explotarse. «Si un chaval toca la guitarra por la noche en la plaza y molesta a los vecinos, podemos aprovechar su inquietud buscando un lugar para que siga practicando y mejorando», explica Rubio. Para ello, el conocimiento del entorno, recursos y equipamientos, es vital. También la capacidad de negociar. «No son solo mediadores, pues sus funciones van más allá. Pero deben ser capaces de emplear esas técnicas», aclara Rubio.
Asimismo, los educadores en la zona también deberán estar muy atentos, explica Rubio, a la transmisión de «falsos tópicos y rumores» que entorpecen la convivencia y dañan la imagen de un barrio que tiene muchas virtudes por descubrir y potenciar.