fue una mañana de escasos síntomas. Al margen de las muchas banderas que colgaban de los balcones y dejando de lado algunas decenas de familias ataviadas con los colores del país, Barcelona no empezó a oler la manifestación de la tarde hasta la hora de comer. De las 800 plazas de aparcamiento destinadas a los autocares en el Eixample, a mediodía solo un vehículo de una empresa de transportes de Lleida llenaba un vacío en Muntaner con Gran Via. ¿Irían bien las cosas horas después, con toda la marabunta desembarcando en la capital catalana al mismo tiempo y por todos los flancos posibles?
Autocares en Roger de Llúria, en una de las zonas habilitadas en el Eixample, ayer. JOAN PUIG / JOAN CASTRO
Información publicada en la página 5 de la sección de Tema del día de la edición impresa del día 12 de septiembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Suele pasar que en acontecimientos deportivos que obligan a cortar calles se produzcan quejas de algunos vecinos que no comulgan con la decisión municipal de ceder el asfalto a otro menester que no sea el del tráfico rutinario. Ayer, la llegada de más de mil autocares y la asistencia de cientos de miles de personas a la manifestación -la población de la ciudad es de 1,6 millones- no generó malestar, más bien todo lo contrario, a pesar de que el centro quedó completamente cortado; Diagonal, Gran Via y Aragó incluidos.
El dispositivo funcionó. Los vehículos llegados de todo el país lograron encontrar acomodo en las zonas habilitadas, y en caso de no hallarlo, lo dejaban en las esquinas de manzana con el permiso de la Urbana, que ayer tuvo a bien hacer la vista gorda en casi todos los sentidos.
CORTES PAULATINOS / A medida que iba llegando gente y más gente, la Guardia Urbana iba ampliando el perímetro de calles cortadas. Incluso Gran de Gràcia, usado por los graciencs como pasillo hacia la independencia, tuvo que cortarse al tráfico. Solo la manifestación en homenaje a Ernest Lluch, en noviembre del 2000, o la protesta del no a la guerra, en febrero del 2003, generaron semejante despliegue de medios.
El metro fue incapaz de asumir la demanda a partir de las cuatro de la tarde, lo que obligó a miles de personas a hacer el trayecto a pie. Los consejos repetidos hasta la saciedad en los últimos días -venir con tiempo, no coger el coche particular ni el bus- surtieron el efecto esperado. La mayoría de los que venían allende los ríos Besòs y Llobregat optaron por aparcar lejos del centro y acercarse, con todo el tiempo del mundo, andando o en el suburbano. Lo mismo sucedió en el cierre de fiesta: tanto locales como foráneos hicieron gala de su nula prisa por volver a casa y todo se hizo de manera escalonada. En la mente de muchos, la necesidad de preparar el primer día de cole de los niños. Esos se fueron antes. En la mente de muchos otros, y ya que estamos en Barcelona, cenar y alargar la explosión de fiesta independentista todo lo posible.
METRO CERRADO / Algunas de las estaciones de metro más cercanas a paseo de Gràcia se vieron obligadas a cerrar las puertas durante algunos momentos de la tarde para evitar que los andenes se llenaran demasiado. El personal de TMB trabajó a destajo para calibrar el aforo máximo y no hubo grandes gestos de indignación entre unos usuarios, que tampoco podían recurrir al Bicing, a los que era muy difícil aguar el día.
Superado el test de la manifestación, la ciudad se enfrenta hoy a su examen de movilidad diaria hasta junio: la vuelta al colegio.