No suele dar buenos réditos mezclar la política con el deporte. Mucho menos cuando si, además, entra de por medio la religión. Buena experiencia de ello la tiene Neil Lennon, el entrenador del Celtic, cuya vida se ha visto reiteradamente convulsionada por semejante cóctel explosivo, una situación asfixiante que incluso le sumió en una profunda y larga depresión.
Información publicada en la página 47 de la sección de Deportes de la edición impresa del día 23 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Lennon, de 41 años, nacido en Lurgan (Irlanda de Norte), centrocampista todoterreno que se ganó la vida en el Manchester City, Crewe y Leicester, inició un largo vía crucis en el 2000, justo después de fichar por el Celtic ya en el tramo final de su carrera. Fue enfundarse el uniforme verdiblanco del club católico y empezar a recibir amenazas de muerte. Era la respuesta de la Fuerza Lealista del Ulster, que no le perdonaba esa traición. La situación llegó a tal extremo de tensión que, en el 2002, decidió dejar de jugar con la selección de Irlanda del Norte. «Notaba el odio en la grada cada vez que tocaba el balón», explica el entonces jugador del Celtic.
El peor momento
Del odio se pasó a los ataques físicos. E incluso más. El primer aviso fue la agresión que sufrió en un bar por parte de un seguidor del Glasgow Rangers (club de los protestantes), pero el detonante llegó años más tarde. En marzo del 2011, la policía interceptó tres paquetes bomba dirigidos a otros tantos destinatarios. Uno de ellos llevaba la dirección de la sede social del Celtic y el nombre del técnico. Dos hinchas del Rangers, ultras unionistas, fueron detenidos y condenados a cinco años de cárcel.
A raíz de aquello, Lennon cayó en una profunda depresión que a punto estuvo de acabar con su carrera como técnico e incluso algo más, como explica en su biografía Man and Bhoy.
Empezó a vislumbrar la luz al final del túnel después de que un médico le recomendara asumir la depresión como una simple lesión muscular: «Es la mejor recomendación que me han hecho nunca».
Superado aquel trance, Lennon afronta con ilusión los retos que se presentan al Celtic, dominador absoluto en Escocia después de que este verano el Rangers, ancestral rival, fuera descendido a la cuarta división en los despachos ahogado por las deudas. Y nada como el Camp Nou para dar ese giro de calidad que busca el club católico, cuyo dominio en Europa se remonta a 1967, cuando conquistó la Copa de Europa. «Necesitaré a once héroes para superar al mejor equipo del mundo», consciente de que hoy afronta una tarea titánica. «Tendremos que hacer un gran partido, estar muy compactados en defensa, muy concentrados y mantener nuestra capacidad física», explicó ayer Lennon.
Las bajas del Barça en defensa permiten soñar a los escoceses. El problema es que en el campo estará el mejor. «Se agotan los calificativos para hablar de Messi. Veremos qué hacemos... Podemos evitar que le lleguen balones, pero ha habido mejores entrenadores y mejores jugadores que no han podido pararle». Es Messi, el dolor de cabeza que ahora tiene Lennon.