Fran Ventoso vale por dos en el conjunto Movistar cuando el Giro llama a la puerta. Hace un año ya se anotó una victoria al esprint en la ronda italiana y hoy ha repetido el éxito en la novena etapa de la carrera rosa. El corredor de Reinosa, que acaba de cumplir 30 años, se aprovechó de la eliminación de los principales velocistas, encabezados por Mark Cavendish, que quedaron cortados, en una etapa que en principio se adaptaba a sus condiciones, después de un ataque de Joaquim Purito Rodríguez, que intentó aprovechar uno de los pocos repechos de la jornada para sorprender a Ryder Hesjedal, el líder de la prueba.
Hace un año el Giro estuvo dominado de principio a fin por Alberto Contador, que se anotó la victoria de una forma clara y aplastante. Luego sucedió lo que no dejó de ser sorprendente: el TAS le quitó el triunfo al considerar nulo todos los resultados del corredor pinteño en el 2011 a consecuencia del control por clembuterol en el Tour del 2010. Por esto, este año, Michele Scarponi, que acabó segundo, luce el dorsal número uno y figura en los papeles de la prueba como el ganador oficial del año pasado. Es uno de los candidatos a la victoria final, con Ivan Basso y Purito, sin olvidar a Frank Schleck. Por eso, ciclistas como Ventoso, como ya lo hizo el año pasado, deben aprovechar las mínimas ocasiones de las que disponen para intentar una victoria de etapa. El Movistar, el conjunto de Ventoso, lo perseguía desde hace varios días: primero con Herrada y luego con Intxausti. A la tercera lo lograron, porque las victorias en una carrera grande como el Giro se venden caras, porque hay mucha montaña y porque las oportunidades están contadísimas.
Purito atacó en un repecho. Rompió de este modo la dinámica más bien conservadora que exhibía en la prueba, ya que, hasta ahora corría más con la cabeza que con las piernas. Hoy ha variado el guión. La ofensiva de Purito sembró el caos en el pelotón y despertó la etapa, aunque al final solo sirvió para eliminar corredores estilo Cavendish. Mañana regresa la media montaña en una jornada que, en principio, está llamada a ser territorio para escapadas.