Alejandro Valverde le daba vueltas a la cabeza en el Tour. Todavía no había ganado en Peyragudes (última etapa de los Pirineos). Se encontraba en Pau, jornada de descanso, un día en el que se suele pensar más que otros porque no hay competición. Eusebio Unzué, mánager del Movistar, tenía otros planes para él, convencido de que, aparte de las caídas sufridas en la primera semana de la ronda francesa, el ciclista murciano estaba cansado. Tour, Juegos y... vacaciones. Sin embargo, en Pau, Valverde tomó la decisión. Y allí mismo se la comunicó al responsable de su equipo: «Quiero correr la Vuelta».
Información publicada en la página 312 de la sección de Deportes de la edición impresa del día 21 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Llegó a París sabiendo que después de Londres aún le restaban tres semanas de competición. Nada dijo. Era el secreto. Inicialmente acudiría a la ronda española a ayudar a Juanjo Cobo, vencedor hace un año en Madrid. Pero Valverde tiene poder, en la Vuelta se siente a gusto, entiende la carrera y no se atemoriza a la hora de atacar, como ayer en Arrate, donde se vistió con el jersey rojo de líder tras ganar la tercera etapa y sorprender a Purito Rodríguez en el último suspiro de la ascensión, cuando, incomprensiblemente, el ciclista catalán dejó de pedalear con el triunfo en el bolsillo. «He perdido la etapa por una estupidez», reconoció el líder del Katusha. «Se confió y dejó de pedalear», afirmó Valverde.
CINCO KILÓMETROS DE ASCENSO / La subida a Arrate, con solo cinco kilómetros de aparente dureza, fue apasionante. No se vio en el Tour una ascensión con tanto ataque, tanta pasión y tanto demarraje en todo el mes de julio. Valverde fue el primero que desenterró el hacha de guerra. Pero es que Alberto Contador efectuó hasta cuatro ataques, a los que Purito y Valverde, con Chris Froome, respondieron sin aparentes problemas. A Igor Antón le costó un poco más, mientras que Juanjo Cobo, último vencedor, evidenció lo que se sospechaba: no ha llegado todo lo fino que se esperaba. Cedió 50 segundos. Y hoy más, segunda cumbre consecutiva: Valdezcaray. Emoción asegurada.