La victoria china en el medallero de Pekín 2008 fue histórica porque rompió la dualidad Estados Unidos-Rusia de los anteriores 15 Juegos Olímpicos. Aquel duelo ha resucitado en Londres. Es el este contra el oeste de nuevo, la oposición entre dos patrones recuperada tras el desguace soviético y el medallero como termómetro geopolítico.
SIN LÍMITES. Arriba, Sun Yang, emocionado tras ganar el oro en los 1.500 metros. China ha irrumpido en la natación y sigue ejerciendo un dominio casi tiránico en deportes como el tenis de mesa (abajo) y el bádminton (derecha). REUTERS / BAZUKI MUHAMMAD
SIN LÍMITES. Arriba, Sun Yang, emocionado tras ganar el oro en los 1.500 metros. China ha irrumpido en la natación y sigue ejerciendo un dominio casi tiránico en deportes como el tenis de mesa (abajo) y el bádminton (derecha). REUTERS / BAZUKI MUHAMMAD
SIN LÍMITES. Arriba, Sun Yang, emocionado tras ganar el oro en los 1.500 metros. China ha irrumpido en la natación y sigue ejerciendo un dominio casi tiránico en deportes como el tenis de mesa (abajo) y el bádminton (derecha). REUTERS / BAZUKI MUHAMMAD
Información publicada en la página 308 de la sección de Deportes de la edición impresa del día 11 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Liu Changchun abrió en solitario el olimpismo chino en Los Ángeles 1932 con la subvención privada de su universidad. Desfiló solo en la ceremonia de apertura, llegó último en las primeras rondas de 100 y 200 metros y mendigó a la colonia de expatriados para el billete de vuelta. La actual escalada a la cúspide del medallero descansa en un plan estatal que minimiza el margen de la suerte.
China recuperó una década atrás a Sun Tzu para su conquista olímpica, quien ya dijo hace 2.500 años que la mejor victoria es la lograda sin la lucha de ejércitos. China y EEUU se encontraron muy pocas veces en Pekín porque sus tradiciones deportivas son diferentes y China hizo poco por acercarlas. Las autoridades sabían que no bastaría con la esperada lluvia de medallas en tenis de mesa, taekuondo o salto de trampolín. El Proyecto 119 buscaba los metales en disciplinas tradicionalmente esquivas y a menudo de escaso interés global. China había conseguido en los anteriores juegos solo cuatro de las 119 medallas que daban esas modalidades. La explosión en Pekín 2008 demostró que la planificación deportiva funcionaba.
Pero el saco de medallas requería en Londres de un broche en el tartán o la piscina, donde se edifica la gloria perdurable. China solo logró cuatro medallas en atletismo y natación en los dos últimos JJOO. De sus 51 oros en Pekín, 38 llegaron en tenis de mesa, bádminton, salto de trampolín, tiro, gimnasia y levantamiento de peso. El siguiente paso era, pues, fortalecer las disciplinas más populares. Los resultados en Londres son obvios. La piscina, tradicional caladero estadounidense, se sobrecogió con la irrupción de Ye Shiwen, campeona en 200 y 400 metros estilos, y la confirmación de Sun Yang, oro en 400 y 1.500 libres. Nunca antes un chino había sido campeón olímpico. China recogió en la piscina cinco oros, dos platas y tres bronces, solo por detrás de EEUU. La juventud de Ye y Sun, 16 y 20 años respectivamente, augura un largo reinado.
En atletismo las diferencias se acortan más lentamente. Solo Li Yanfeng ha subido al podio (bronce en disco) hasta ahora. Las expectativas se concentran en la marcha: Si Tianfeng (50 km) y Wang Zheng (20 km) en hombres y Liu Hong (20 km) en mujeres. Zheng Wenxiu también aspira a medalla en martillo. La gloria se le escurrió de nuevo al vallista Liu Xiang, epítome de la desdicha olímpica. No compitió en Pekín y recorrió apenas una decena de metros en Londres.
China tiró de chequera para el salto de calidad. Envió a sus nadadores durante meses a centros de entrenamiento australianos, pagó a médicos estadounidenses para que curaran el tobillo de Liu Xiang y contrató a técnicos extranjeros en atletismo, baloncesto, natación, natación sincronizada, esgrima, hockey sobre hierba, taekuondo y waterpolo.
Miles de ojeadores
Aquel Proyecto 119 sentó las bases de la planificación estatal deportiva que aún perduran. El sistema, tozudamente criticado por la prensa occidental, es el único viable en un país en vías de desarrollo. Miles de ojeadores rastrillan los confines de China en busca de talentos en edades tempranas. Ye Shiwen, por ejemplo, fue reclutada por sus enormes pies y manos.
La mayoría viene de zonas rurales. El deporte sería muy elitista sin el paraguas del Estado, que proporciona 3.000 escuelas deportivas en todo el país para seis millones de niños y un vasto equipo de entrenadores, fisioterapeutas, psicólogos e incluso apoyo científico con estudios biomecánicos para los deportistas de élite.
China ha asegurado en Londres las habituales medallas en deportes afines como el tenis de mesa, saltos de trampolín y bádminton, ha asaltado la piscina y ya apunta al atletismo. Su potencial económico y demográfico sugieren una dilatada estancia en lo alto del cajón.