El clásico puede con todo en el Madrid. Es capaz de frenar la guerra civil en un vestuario que difícilmente se repondrá de los acontecimientos vividos en lo que va de temporada. Sin embargo, con el Barça en el horizonte, ha llegado la tregua, una especie de bandera blanca entre tanta hostilidad. Ramos ha enterrado el hacha, mientras que Mou intenta morderse la lengua con el riesgo que eso conlleva. El Madrid mira solo al clásico, un choque vital para no verse a 11 puntos con más de ocho meses de competición por delante. El vestuario del Madrid es un polvorín. Tanto que Sergio Ramos, convertido en una especie de líder sindical de sus compañeros, ha llevado su pulso con Mourinho hasta sus últimas consecuencias. El miércoles por la mañana en el Hotel Okura de Amsterdam, Ramos pidió disculpas a sus compañeros por ponerse la camiseta de Özil bajo la suya ante el Deportivo. Más de un jugador le recriminó esa acción, así como su proverbial facilidad para erigirse en el altavoz de parte del vestuario.
>> Lea la información completa del clásico Barça-Madrid en e-Periódico.