A Haimar Zubeldia se le ve poco, pero siempre está. Si no ha fallado hasta ahora, difícilmente lo hará hoy, en la última cita con los Pirineos. Y como suele ser costumbre en él, cumplirá el sábado en la contrarreloj final de la carrera.
Información publicada en la página 46 de la sección de Deportes de la edición impresa del día 19 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
No durmió nada bien en el hotel Ville Navarra de Pau. «Habíamos pasado un sensacional día de descanso y al acabar de cenar llegó la noticia; el mazazo. Nos quedamos fríos. Frank Schleck era muy importante para el equipo. Ahora solo espero que pueda probar su inociencia». La tranquilidad se rompió enseguida. A las puertas del hotel se estableció una especie de estudio ambulante con decenas de televisiones, muchas de las cuales emitían en directo. La imagen era una verja; la noticia, el positivo de Schleck. Algunos periodistas trataron, incluso, de saltar la valla y colarse en el hotel, tomado por la policía y los guardias de seguridad que contrató el propio establecimiento.
Con este ánimo inició Zubeldia la etapa. Él siempre a la expectativa, a tratar de pescar en río revuelto. Él no es de los que acostumbran a atacar. No es lo suyo. Es más, a su nivel, de los que suben al estilo de Evans o de Wiggins, rápido, pero sin demarrar. En el interior del pelotón, ascendiendo el Tourmalet, en la zona de lucha, se ven muchas cosas. «Sentía que hacía un calor terrible, pero enseguida me di cuenta que quien lo estaba pasando peor era Evans».
La brisa que soplaba en la cumbre del Tourmalet, una de las pocas zonas donde el termómetro cambió el tres por el dos, fue algo así como un alivio para Zubeldia. «No recuerdo una jornada de tanto calor por los Pirineos». El Sky llevó el ritmo de la escalada por el monte más famoso de los Pirineos y quizá del planeta ciclista; un Tourmalet por el que ayer no se produjeron ataques. Llegó la fuga de Voeckler, amplió la diferencia y por detrás, todos a rueda del Sky, se descolgaban decenas de ciclistas, más por el horno colocado sobre sus cabezas que por la velocidad con la que se subía. Zubeldia, a lo suyo, trató solo de superar el monte. Sabía que los ataques más importantes se producirían en el Aspin o en el Peyresourde. «Con ese calor era una locura demarrar en el Tourmalet». Por eso, deslució la montaña a los ojos de miles de seguidores que como es norma se reunieron en los 19 kilómetros del Tourmalet, que se escaló por la vertiente de Barèges, la misma cara que coronaron juntos hace dos años Andy Schleck y Alberto Contador.
La hora de los ataques
«Cuando vi, ya en el Aspin, que el Liquigas, de la mano de Basso, comenzaba acelerar el ritmo, comprendí que ellos también se habían dado cuenta de los problemas de Evans». El australiano se descolgó. Haimar solo se desenganchó de los tres primeros de la general cuando Nibali atacó a cuatro kilómetros de coronar el Peyresourde. Se quedó con Jurgen van den Broeck, cuarto de la general, y con Valverde y Cobo. El ritmo lo marcó el belga, porque era el mejor situado en la clasificación. Ya le fue bien a Zubeldia, cuya escuadra, pese a la baja de Schleck, sigue manteniéndose como mejor equipo del Tour.