Solo cambia el entrenador. Tanto, y tan poco. Un relevo natural se produce en el banquillo del Camp Nou con la entrada de Francesc Tito Vilanova para sustituir a Pep Guardiola. El Barça celebró la ceremonia de esta suerte de sucesión dinástica que cambiará las formas, en base a la distinta personalidad de cada uno, pero no el fondo, según expuso el nuevo técnico, que firmó un contrato por dos temporadas.
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Empieza la era Vilanova, que pretende ser una continuación de la época triunfal de los últimos cuatro años. Mantendrá la misma matriz, pero variarán los pequeños matices. «Pep era el comunicador, quien transmitía el mensaje, pero la inmensa mayoría de las decisiones eran compartidas. Y si estaba de acuerdo antes, no las cambiaré ahora para diferenciarme y decir que soy distinto», aseguró Vilanova, antes de aclarar que no ha habido ningún conflicto en la transmisión del legado: «En cinco años (incluida la primera temporada con el filial en Tercera) no ha habido una mala cara ni un mal gesto, no hay matrimonio en el mundo que supere esto».
«MI AMIGO, MI HERMANO» / La idea de la continuidad en el estilo de juego, en el comportamiento y, quién sabe si en los éxitos, quedó subrayada por las palabras de Vilanova, que confesó haber supeditado la aceptación del cargo a una primera consulta con su antiguo jefe - «mi amigo, al que quiero como un hermano», apuntó-, pero también por Sandro Rosell, el presidente, y Andoni Zubizarreta, el director técnico. Vilanova conserva el ideario futbolístico, los valores de La Masia, su capacidad de trabajo y la condición de culé de cuna, expuso Rosell, quien vio «la ilusión» en los ojos de Tito. «Y se atreve», añadió Zubizarreta, que ya conocía «la ilusión, la preparación y la dedicación» del exayudante de Guardiola. «Estoy tan o más preparado que un entrenador de fuera», dijo para reivindicar su capacidad.
Vilanova afronta la oportunidad de su vida, también el reto de su vida, y una porción de las dudas iniciales recaía en su salud. En noviembre fue operado de un tumor en la glándula parótida. «Hablé con los médicos, que tengo muchos, y dicen que estoy perfecto», explicó. «Después de lo que he pasado, esto será casi como un juego de niños».
Pero no lo será en absoluto, por muy buena que sea la herencia recibida. Vilanova sabe que el público «no tendrá más paciencia» con él, bienacostumbrado como está al gran fútbol desplegado y a las victorias, y sabe también que el listón está muy alto. Aunque él haya contribuido a elevarlo.
REGATE A MOURINHO / «Perderé en todas las comparaciones», admitió, dispuesto a echar las mismas horas en el trabajo que antes, ahora que estará al frente del pelotón. Y del paredón si van mal dadas. Y del centro de la diana de José Mourinho. Ayer rehuyó referirse al técnico del máximo rival, el colega que le agredió el pasado año y el primer adversario al que se enfrentará. El Barça estrenará la competición con la Supercopa ante el Madrid. El primer obstáculo de los muchos que salpicarán su trayecto. Tito no caminará solo. A su lado tendrá casi el mismo grupo de colaboradores, pendiente de la plaza de otro preparador de porteros; tendrá la misma plantilla (no se irá Alves y Keita tampoco, si quiere), con Messi al frente, y tendrá al público detrás, deseoso de perpetuar el estado de felicidad vivido desde el 2008. «Estaremos siempre a tu lado», le garantizó Rosell en nombre de la junta directiva.