Se marchó Pep, camino de Nueva York, pero su amigo Tito Vilanova continúa en el Camp Nou. Sigue preparado para el desafío que se le viene encima, convertido en el gran guardián de una idea que ha revolucionado no solo el Barça sino el fútbol mundial. Se ha ido Pep, pero Tito, con quien compartió toda esa epopeya, tanto en su primer año en el filial como en los cuatro posteriores en el primer equipo, no ha parado de trabajar desde entonces. «Ni un segundo más que antes», suele recordar el entrenador azulgrana. «Ya no podría dedicarle más horas».
Información publicada en la página 309 de la sección de Deportes de la edición impresa del día 15 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Con la misma entrega que en los cinco últimos años, pero solo. Solo sin Pep. Acompañado por Jordi Roura, el ayudante que escogió Tito para que hiciera de Tito. Con la misma pasión que ha demostrado siempre, sin tocar absolutamente nada de lo esencial, manteniendo la misma estructura táctica, aportando detalles nuevos, haciéndose «con naturalidad», como recuerdan desde el interior del vestuario, con el control del equipo. Hace semanas que ya no le miran como el segundo. Se ha hecho valer Tito con discreción y rotundidad. pendiente, por supuesto de que el balón empiece a rodar.
PILARES INTACTOS / «Sabe muchísimo de fútbol», recordó Cesc. «Todos los pilares, la manera de jugar, el estilo, la filosofía, se están manteniendo con algún mínimo cambio», precisó también Pinto, quien explicó que ha detectado una enorme ilusión en el nuevo técnico azulgrana. «Lo veo más que implicado, con muchísimas ganas. con muchísima ilusión. Eso nos contagia a nosotros y es muy importante para mantener la motivación en el grupo», añade el meta.
EN LA SILLA DE SIEMPRE / Mientras Pep abre la puerta de Nueva York, Tito repite la rutina de cada día. Abre él la puerta del despacho de la ciudad deportiva de Sant Joan Despí, el mismo que compartió con su amigo en los cuatro últimos años, volcado en que ese legado futbolístico que construyeron en común no se detenga. Para Tito, como culé que es de nacimiento, dirigir al Barça es el sueño de su vida. Como lo fue también para Guardiola. Aquí tiene su paraíso, dispuesto el técnico a demostrar que la gente de casa no solo sirve para el césped (Puyol, Xavi, Iniesta, Valdés, Messi, Busquets...) sino también para innovar desde el banquillo.
Ahí, sin embargo, no parece dispuesto Tito a hacer ningún cambio, ni siquiera visual. O geográfico. No es nada casual, por ejemplo, que el técnico haya seguido este verano sentado en su silla de siempre. ¿Cuál es? La de segundo. Siendo primero como es, él no se mueve. Ocurrió primero en Hamburgo, se pensó entonces que era circunstancial, pero se repitió en Tánger, París, Gotemburgo y hasta en Bucarest. Cuando empieza el partido, Tito se coloca entre Roura (a su derecha, en el sitio que era de Guardiola) y el preparador físico Aureli Altimira, (izquierda). Y en el Camp Nou, el domingo ante la Real, estará lejos de su amigo, pero en su sitio de siempre.