A menudo, se le ve desconectado, diríase que hasta ausente del partido. Pero no se lo crean. Es una falsa impresión. Todo parece distinto de lo que es en Cristian Tello, un extremo descarado, profundo, con desborde, capaz de arrancar en seco, o sea con la nariz del defensa en su rostro, o de cabalgar a espacio abierto como si fuera un espíritu libre. En realidad, lo es. Todos los extremos, una especie en extinción, suelen ser tipos singulares, que viven encerrados su complicado mundo interior. Anoche, como muestra de agradecimiento a la fe que le profesa Tito (ha sido titular en cuatro de los siete partidos oficiales), la misma que le hizo rescatarlo a Guardiola del Mini, completó un partido de ensueño.
Información publicada en la página 44 de la sección de Deportes de la edición impresa del día 20 de septiembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
La noche que jamás pudo imaginar con un encuentro excelente y no únicamente por ese golazo que abrió el marcador (1-0). Ni por la sensacional asistencia que proporcionó a Messi en el 2-2. Ahí pegado a la cal de la banda izquierda, a pesar de que intercambió en algunos momentos la posición con Pedro marchándose a la derecha, trazó movimientos dignos de otro fútbol. Se sabía que tenía desequilibrio. Se sabía que tenía también desborde y regate, pero esa obstinación en el disparo le permitió marcar el 1-0. Un golazo.
Y FUE SUSTITUIDO / Recibió un pase de Xavi y, a partir de aquí, fue él contra el Spartak. Y ganó. Excelente el seco quiebro, haciéndose el espacio necesario para armar su pierna derecha y lanzar con tanta precisión como picardía porque la pelota se iba alejando de Dykan. Después, con el Barça enredado, emergió el Tello atrevido que rompió al Spartak en una baldosa y servirle un balón de oro a Messi. Poco después, Tito lo cambió por Villa y el Camp Nou se vino abajo para despedir al gran héroe; Cristian Tello. Marcos López