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Peter Sauber le ofreció un volante hace un par de semanas, cuando se barruntaba que no seguiría en Mercedes. Pero no, Michael Schumacher no continuará en la F-1. No es una cuestión de encontrar asiento, no para él. A sus 43 años, con la cuenta corriente a rebosar y las estanterías llenas de títulos y récords, le cuesta encontrar fuerzas para continuar. «La primera vez que me retiré, en el 2006, dije que mis pilas estaban vacías. Ahora están en la zona roja y no sé si hay tiempo para recargarlas. Me retiro y esta vez para siempre, de verdad», dijo ayer visiblemente emocionado. Ni siquiera ha valorado la oferta del director del consorcio Daimler Benz para tener un cargo directivo en la marca. «Estoy deseando que llegue mi libertad», insiste Schumi.
Información publicada en la página 54 de la sección de Deportes de la edición impresa del día 05 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Sabía que la voz le temblaría y escribió una nota por si la emoción le bloqueaba. Casi no la leyó. Se la sabía de memoria. Se rodeó, en Suzuka (Japón), de Norbert Haug y, sobre todo, de Ross Brawn, el ingeniero con el que lo ganó todo (dos títulos en Benetton y cinco en Ferrari), el hombre que lo convenció para volver a la pista. «Aunque aún soy capaz de competir con los mejores, creo que ha llegado la hora de decir adiós. No es mi estilo hacer algo cuando no estoy al cien por cien. Esta decisión me deja sereno».
Para cargar esas pilas, para disipar las dudas, para motivar al cien por cien a un tipo así, es necesario que los resultados lleguen, y no lo hicieron en ningún momento de estos tres años en Mercedes. No al nivel de alguien con 301 grandes premios, 7 títulos, 91 victorias, 68 poles y 155 podios, el último en Valencia hace tres meses, el único tras su regreso. «No hemos conseguido nuestros objetivos, no hay duda de que no hemos desarrollado un monoplaza que luche por el título», reconoce. De hecho, estos tres años le han servido para valorar más «lo logrado» en su carrera y para conocerse mejor. «En los últimos años he aprendido mucho sobre mí. Por ejemplo, que puedes abrirte más a la gente. Que perder puede ser más difícil pero también más instructivo que ganar. A veces perdí ese punto de vista en los primeros años. Pero aprecias ser capaz de hacer lo que amas. Ha sido muy hermoso volver a vivir mis convicciones».
Zarandeado por la diferencia de puntos (le dobla) con su compañero Nico Rosberg, señalado por las sanciones y los accidentes, en una parrilla con cinco campeones del mundo más, Schumi no encontró fuerzas para seguir un año más, y mucho menos para otro proyecto a tres años como exige su equipo.
Demasiados años
«Hay que recordar que si llegábamos a un acuerdo de renovación debía ser por varias temporadas», confirma Brawn, quien no dejó de hablar ni un solo día con su piloto, su compañero y amigo, sobre su futuro, el del equipo o el del posible sustituto. «Fue una decisión conjunta, estábamos al tanto de todo, de sus sentimientos, de los planes del equipo, de las situación del mercado... y convinimos en que no todos los años tienes libre a un piloto del calibre de Lewis Hamilton», reveló Brawn.
Pero el campeón del 2008 no se ve como reemplazo de Michael. «No creo que nadie pueda reemplazarle. Es una leyenda, ha logrado muchas cosas. Me siento privilegiado por estar en la F-1 en este momento. Le he visto ganar todos sus títulos desde el salón de mi casa, por lo que estar en la pista con él en el 2006 y volver a correr contra él cuando volvió ha sido un privilegio. Espero que algún día consiga las cosas que él ha logrado».