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Análisis

Y salió Tito y, al lado, Zubi

Miércoles, 18 de julio del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
Emilio Pérez de Rozas Periodista

Era el día. O uno de ellos. Era la prueba. O una de ellas. Y, cómo no, Tito Vilanova ha demostrado ser el mister, el guía, el líder que el Barça ha escogido para la continuidad del proyecto más laureado de la historia del club, aquel que contó con un capitán, Pep Guardiola, un profeta carismático, dentro y fuera del campo.

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Y ese día, ayer, Vilanova se presentó vestido de calle. Ya hubo quien pensó que lo haría con chándal, a lo Marcelo Bielsa, para acentuar ese perfil más técnico, más estratégico, más de vestuario que de calle que se le supone, que se le otorga, más de 3-4-3 que de discurso emblemático, más de «muchachos, jugaremos así» que de «chicos, salir y divertiros».

No, Vilanova escogió uno de los polos que tenía en el armario, este, cualquiera, en lugar del chándal, aunque nadie debería descartar que, muchas veces, pase por la sala de prensa antes de ducharse y acicalarse. No mea colonia, pero su estilo fue impecable, exquisito, sensato, inteligente, intuitivo, contundente, personal, cercano, nada prestado.

Por si acaso, el portero, aquel que durante años vio el fútbol desde el lugar privilegiado que otorga el área pequeña, aquel que tiene enfrente al resto de los 21 protagonistas, decidió estar a su lado. Y como ya hiciera en la que nunca pensó sería la última campaña de Guardiola, Andoni Zubizarreta decidió que, desde el primer día, él, que ocupa el puente de mando (en la era Guardiola hay quien olvido que estaba ahí), estará al lado de Tito, al que escogió para que dirigiera el Barça del año después.

No hubo demasiadas preguntas para Zubi -bueno, sí, anunció que ningún jeque había preguntado qué cuesta Messi, todo un consuelo-, pero sí hubo complicidad entre el director deportivo y el mister. Se queda Afellay, queremos verlo, igual explota en la pretemporada. Tengamos paciencia con Villa, lo necesitamos demasiado como para precipitar su regreso. Esa misma paciencia hay que tener con Deulofeu, ahora tan de moda; es jugador del B, le queda mucho por aprender. «Aquí -comentó Tito- tenemos mucha prisa con los jóvenes». ¡Bravo por fichar a Jordi Alba! ¡Sonrisa por ver al mejor Cesc! ¡Messi trabaja duro, como pocos, sabe que es ahora cuando ha de cargar las pilas para marcar 80 goles! ¿Javi Martínez? ¿Quién es ese?

Tito estuvo señor (como es él, todo un caballero) con el Madrid. Y hasta con Mourinho. Incluso con el entorno blanco: «¿Por qué damos por supuesto que nos van a atacar?» E, incluso, reconoció que Mou pecó bastante más que él aquella noche, pero que él no quedó muy satisfecho de su papel en aquella riña. Así de honrado es Tito Vilanova.

Y tuvo, cómo no, su punto culé, de hijo de La Masia, cuando dijo: «Seguiremos intentando satisfacer todo aquello que nos pide la afición, siendo nosotros, atacando siempre, defendiendo con espíritu de equipo, comportándonos honestamente fuera y dentro del campo, y trataremos de ganar para que la gente se siga sintiendo orgullosa de todos nosotros, eso no va a cambiar».

Quiere la Liga o la Champions, porque las perdieron el año pasado. Lo quiere todo. Y lo anunció: queremos el balón, cuando lo tengamos, para atacar, y cuando lo perdamos, para recuperarlo lo más arriba posible, lo más cerca de la portería para así estar cerca del gol. Y lo harán con tres o cuatro defensas, con Messi o con Cesc de falso 9, con el mejor de los Alexis («que aparecerá en su segundo año»), con ese Busquets omnipresente, ese Iniesta luminoso, ese Puyol leonino y ese Xavi cerebral. Y, por supuesto, seguiremos con los ojos puestos en la cantera.

Y entonces fue cuando Zubi, que había contestado una pregunta trampa sobre el Balón de Oro a Iker Casillas con la habilidad que únicamente se le supone a los grandes aitas («dimití de la posibilidad de que el Balón de Oro fuera para un portero cuando no se lo dieron a Iríbar», dijo enorme, inmenso, providencial), movió el rabillo del ojo derecho en un gesto de complicidad.

Y calló. Y no hubo más. Porque en el fondo, ellos dos, más que nadie, saben que el fútbol es de los futbolistas. Y ellos saben, mejor que nadie, que tienen a los mejores.

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