El libro legendario que quedará para la historia de este Barça tendrá un capítulo individual con el nombre de Eric Abidal. Si no fuera porque todos los logros de los últimos años han llegado producto del esfuerzo, de la entereza, del optimismo, de la ilusión, de las ganas de vivir y disfrutar, se diría que el defensa francés ha obrado otro milagro que incluir en el inventario de la actual plantilla. Abidal sube hacia la montaña con la esperanza de tocar el cielo el día que pise otra vez el Camp Nou.
Eric Abidal, acompañado del fisioterapeuta Emili Ricart, en varias actividades de sus entrenamientos específicos en el Vall d'Aran. FC BARCELONA
Información publicada en la página 50 de la sección de Deportes de la edición impresa del día 10 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Ahora ya ha iniciado la cuenta atrás que le devolverá al lugar de donde nunca quiso marcharse. Se ha ido lejos para volver pronto. Al Vall d'Aran, acompañado por el fisioterapeuta Emili Ricart y por Pepe Costa, de la oficina del jugador, y con cámaras y fotógrafo del club que dejen constancia de los primeros entrenamientos específicos de Abidal en su lento pero imparable retorno. Ejercicios de coordinación, toques de balón -«para afirnar la técnica, aunque tengo poca», bromeó el defensa- y largas caminatas por el Pla de Beret para ir adaptando de nuevo el cuerpo al esfuerzo físico después de la convalecencia obligada por el trasplante de hígado al que fue sometido el 15 de marzo.
«Ha sido mi primer día y estoy muy feliz. Ahora empieza el camino», explicó Abidal, en un descanso después de una bella y asequible, por plana, caminata por la ruta que le llevó del Pla de Beret a Montgarri, donde cohabitan la iglesia y un refugio. El trayecto completo de ida y vuelta tiene 11 kilómetros y acumula 228 metros de desnivel.
No era la primera vez que Abidal salía de Sant Joan Despí ni tampoco la primera en que se vestía para un entrenamiento. Sus visitas a los compañeros eran ya prácticamente diarias, limitadas en un principio al gimnasio. El defensa ya había ascendido también a la montaña sagrada del Barça, La Mola, en el Vallès.
El santuario culé
El monasterio de Sant Llorenç de Munt, situado en la cima, será con el tiempo un centro de peregrinación culé porque a ese santuario acudieron antes Xavi, Milito, Puyol, Iniesta y Busquets cuando se recuperaban de sus lesiones. Ninguna de ellas de la misma gravedad que la dolencia de Abidal, que sufrió la extirpación de un tumor en el hígado (17 de marzo del 2011) y un año más tarde (15 de marzo del 2012) sufría un trasplante de hígado gracias a la donación imprescindible de un primo.
Dos meses tardó en recuperarse de la primera intervención, que le permitió incluso llegar a tiempo para jugar la final de Wembley. Ahora no se ha fijado una fecha concreta, sino aproximada. «Mi objetivo es jugar antes de diciembre si el cuerpo me lo permite; si es más tarde, no pasa nada, el objetivo es volver a pisar el césped del Camp Nou», dijo Abidal el día que volvió a un terreno de juego. Fue el del Parque de los Príncipes de París, en el amistoso del mes de agosto ante el París Saint Germain, y donde se le tributó un homenaje. Tocó el balón para el saque de honor. Ahora ya lo golpea para pasarlo y para disparar a portería, confirmando lo que muchos de sus compañeros intuyen: volverá antes.
La pretemporada
En el fondo, Abidal está en su particular pretemporada con Ricart, un especialista en rehabilitaciones. Sometido a un control exhaustivo, antes por los médicos, ahora por los preparadores, en lo que puede convertirse en el primer caso conocido de un deportista de élite que reaparece después de un trasplante de hígado.
Mientras Pinto, Fontàs y Jonathan se entrenaban con el filial, Piqué, Puyol, Thiago y Cuenca seguían recuperándose de sus respectivas lesiones y otros 15 jugadores se incorporaban a sus respectivas selecciones, Abidal se aproximaba al cielo caminando por la ruta de Montgarri.
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