Rijkaard, durante uno de los entrenamientos de la selección de Arabia Saudí en Portonovo (Pontevedra). EFE
La 'era Guardiola' comenzó en el 2008, pero el entrenador más exitoso que ha conocido el Barça siempre reconoció que el imperio de gloria que pudo construir se sustentaba en unos cimientos ya colocados. Y el peón que los puso, porque nunca quiso arrogarse la categoría de arquitecto, fue Franklin Edmundo Rijkaard (Ámsterdam, 30 de septiembre de 1962), que reaparece ante los aficionados españoles al mando de Arabia Saudí.
Hoy los ensortijados rizos que emergen de su cabeza están teñidos de gris. El nivel de estrés que pueda sentir no tiene punto de comparación con las descargas que emitía la silla eléctrica del Camp Nou y que él contribuyó a rebajar de vatios con su personalidad taciturna y tranquila. Pero la tarea que emprendió y culminó en el Barça, relanzando a un equipo, acaso a todo el club, es menos compleja que la que asumió el verano pasado: llevar el progreso futbolístico a Arabia Saudí.
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