La situación no es ni mucho menos la misma pero conviene recordarla. En 1999, en Madonna di Campiglio, la sangre traicionó a Marco Pantani y lo excluyeron de un Giro que tenía sentenciado. El Pirata, mucho antes de la crisis que acabó con su vida, hundido y sin comprender por qué lo habían echado de la ronda italiana, solo cogió la bici para afrontar las dos etapas que no le habían dejado correr: la del Mortirolo y la que finalizaba en Milán.
Protagonista 8 Contador, rodeado de coches y motos como si estuviera en el Tour, asciende los últimos metros del Tourmalet, ayer. AFP / PASCAL PAVANI
Información publicada en la página 50 de la sección de Deportes de la edición impresa del día 17 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Alberto Contador, el 22 de julio del 2010, solo pensaba en resistir las embestidas de su único rival, Andy Schleck, en la temida etapa que finalizaba en lo alto del Tourmalet, como homenaje a los 100 años de la primera ascensión a la cumbre más legendaria de los Pirineos.
No sabía por aquel entonces que su preocupación no era el rival luxemburgués, al que controló sin aparentes problemas (los tuvo y los disimuló atacándole cuando peor se encontraba de forma) sino un análisis de orina, efectuado el día anterior en el que aparecieron unas trazas insignificantes de clembuterol, que él atribuyó a un solomillo y los jueces a un complemento nutricional contaminado, que tras pleitos, discusiones, dudas, juicios, pronunciamientos políticos y polémica le significó una sanción que le impide acudir este año al Tour y perder el del 2010 y de rebote el Giro del 2011 que ganó sin ningún tipo de dudas.
Contador, durante el año en los que no pudo acabar de demostrar la inocencia que sigue proclamando, solo repetía, una y otra vez, que por las noches no podía dormir, que solo daba vueltas y más vueltas en la cama y que muchas madrugadas cogía el teléfono y llamaba a su hermano y mánager Fran para expresarle temores y dudas sobre su futuro.
Seis horas sobre la bici
El insomnio de Contador no pasó inadvertido a los responsables de uno de los principales fabricantes de colchones españoles. Entrenamiento y descanso, fue el lema para un espot publicitario de Flex que culminó ayer con el retorno de Contador al Tourmalet. Ni se cerró la carretera, ni se buscó a la gendarmería para que controlara el tráfico como en la grande boucle. Contador solo halló la compañía de su pandilla de Pinto, con la que entrena por su pueblo y con la que se cargó a la espalda seis horas de paseo, con el Soulor y el Marie-Blanque por el camino, y 174 kilómetros para coronar el Tourmalet en solitario aunque rodeado de coches y motos como si se tratara de la jornada reina del Tour. «La etapa se me ha hecho larga porque solo llevo dos semanas preparando la Vuelta pero tengo la suerte de que nunca pierdo la forma».