Análisis

La trama que todos conocían y nadie contó

Martes, 5 de febrero - 00:00h.

Estamos rodeados. Porque, veamos, ¿cuántos lo sabían? Todos. Un montón. Cientos de personas. Cientos, sí. ¿Desde cuándo? Desde hace un montón de años. Mira, ahora nos hemos enterado de que la Real Sociedad, en su tiempo modelo futbolístico, lo sabía, con pruebas, desde el 2008. ¿Y qué hizo? Nada. Ahora resulta que este buen hombre, Iñaki Badiola, farda de que hizo lo que tenía que hacer; es decir, averiguarlo. Vale. ¿Y? ¿Qué más hizo? Nada. Bueno, sí, purgar a los médicos que pagaban a Eufemiano Fuentes. ¿Y? Pues que ahí acabó todo. Nada investigó porque a nadie le interesaba. Hasta el extremo (que ya es sinvergonzonería y desfachatez) que uno de los presidentes del club donostiarra de aquellas épocas, el mismo que dejó un pufo de 60 millones de euros (en la caja A, sí, sí, en la caja A, nada de la B) ha terminado convertido en el presidente de la patronal.

Badiola dice que él ya lo dijo. Pero, insisto, ¿y los demás? Directivos, ejecutivos, entrenadores, técnicos, ayudantes, médicos, masajistas, fisios, jugadores... todo el mundo manejando medicamentos prohibidos (es más, comprados ilegalmente por Fuentes, el hombre de la agenda, el hombre al que la jueza no deja desvelar los nombres, el hombre que amenaza con llevarse hasta a medallistas olímpicos por delante) y nadie dice nada. Es más, a todo el mundo le parecía normal.

Y no solo eso, sino que, cada día, todos apagaban la luz de la mesita de noche y se dormían sin cargo de conciencia, serenos, convencidos de que doparse (como venderse para que suban o bajen las apuestas) es normal. Muy seguro tenía que estar José Luis Astiazarán para hacerse con la presidencia de la Liga de Fútbol Profesional habiendo tolerado durante años esa práctica. Muy seguro, quiero decir, de que jamás iba a salir a la luz. Y, si salía, pues hacemos como con los papeles de Bárcenas: «Todo lo que se ha publicado no es cierto, salvo alguna cosa», como dice Rajoy.

Estamos rodeados. Y no nos defiende nadie. Es mentira que quieran investigar, que quieran hacer limpieza, que quieran encontrar todos los pagos en negros a doctores siniestros, a doctores infierno, ni siquiera aflorar las cajas B de los clubs de fútbol. Es más, a día de hoy, ningún organismo oficial ha dicho esta boca es mía. Y luego dicen que la ciencia, el dopaje, los tramposos van por delante de la ley. ¡Es que no hay ley! ¡Es que todos miran hacia otro lado! Y luego nos rasgamos las vestiduras porque Europa dice que no trabajamos lo suficiente por atrapar a los tramposos de nuestro deporte.

Ya no estamos hablando del impostor de Lance Armstrong. De los niños a los que ha decepcionado. Estamos hablando de un club emblemático, que un año quedó segundo de la Liga (que ya es quedar) y que, tras descubrir toda la trama que había montada en su vestuario (a razón de 57 millones de pesetas al año), miró hacia otro lado. Y, cinco años después, ¡zas!, lo cuentan con la misma naturalidad con que los implicados apagaban la luz de su mesita de noche.

Estamos rodeados.