De Londres han venido jugadores de todo tipo al Camp Nou y nada baratos en los últimos 12 años. De Londres volvió un día Joan Gaspart, el entonces presidente del Barça, con el dinero de Figo (10.000 millones de pesetas, 60 millones de euros ahora) invertido en dos jugadores que no dejaron huella alguna. A Overmars, el extremo más caro, se le recuerdan más casi sus despistes que aquel veloz fútbol que deslumbró en el Ajax y Arsenal, y de Petit no existe ni memoria de su efímero y mediocre paso por el Camp Nou.
De Londres vino Giovani van Bronckhosrt, un lateral fiable que no costó ni un euro (fue el único); Henry, un delantero extraordinario en el tramo final de su carrera al que le faltaba la Champions que le dio el Barça de Guardiola; Hleb, una petición del propio Guardiola, que solo se sabe que era bielorruso; y de Londres llegó también la pasada temporada Cesc. Ahora aterriza procedente de la cantera del Arsenal un jugador singular. Y no solo por su peculiar manera de teñirse el pelo ni por su afición a ser cantante, ni tampoco porque tenga 27 hermanos (17 mujeres, 10 hombres).
El sobrino de Rigobert Song
Por eso, Song lucía el número 17 en el Arsenal. En el Barça, sin embargo, ese dorsal ya tiene dueño: Pedro. Le queda, por lo tanto, el 15 que llevó Keita durante cuatro años, precisamente el jugador a quien viene a sustituir, o el 19 que portaba el brasileño Maxwell antes de refugiarse en el dinero catarí del París SG. Con Song todo ha ido muy deprisa. A los 3 años perdió a su padre en Douala, quedando a partir de ahí bajo el regazo de su tío Rigobert Song, un experto central que transitó por toda Europa (Metz, Salernitana, Liverpool, West Ham, Colonia, Lens, Galatasaray y Trabzonspor) y es ahora el seleccionador de Camerún.
Con Rigobert, Alex encontró la guía para trazar su senda, convertido en su segundo padre. Se fue a Francia con ocho años, donde el Bastia le abrió las puertas de Europa hasta que Wenger, un sabueso en la captura de talentos nuevos, oteó su enorme potencial y pagó 1,3 millones de euros por él. Era central y, al final, adelantó su posición a la de medio centro. Así lo hizo en el Arsenal. En el Barça, en cambio, podría hacer el viaje inverso. Primero, en el cruce de caminos; luego, quizá jugará más atrás.
Casado con Olivia cuando tenía 18 años, padre de dos hijos (Nolan y Kaylian), el camerunés Song llega al Barça para darle músculo africano, una tradición que nació con la aparición de Touré (2007) y, después, Keita (2008). Pero él no es ni uno ni otro. Tiene menos carrocería que Yaya y es más técnico que Seydou, pero deberá controlar su fogosidad.