Los registros oficiales no mienten, la selección de España es bicampeona europea y campeona del mundo. Lo que es tremendamente fácil de comprobar es la identidad de la selección que hace historia en el fútbol mundial. No hay secretos. Por debajo de la camiseta de La Roja está la del Barça. España es una versión adaptada del Barça, el equipo que no deja de hacer historia. El esqueleto de la seleçao es del Barcelona. En la defensa, Piqué y Puyol, lesionado en la última conquista. En el medio, Busquets, Xavi e Iniesta. En el ataque, Fàbregas, Pedro y Villa, que estaba también lesionado.
La selección española no es el Barça por la presencia de los siete jugadores. La relación es mucho más profunda. El equipo es una fotocopia del alma barcelonesa. La obsesión por la posesión de la pelota, la insistencia en tratarla con un cariño posesivo, es idéntica. El técnico Vicente del Bosque, un madridista despreciado en su casa, no tuvo ningún reparo en copiar casi todo al Barça.
El epicentro de ese terremoto futbolístico que provoca temblores en todo el mundo, por lo tanto, está en el Camp Nou. Lo irónica de esta historia es que todo el auge español sucede justamente en el aniversario de los 30 años de La Seleçao del 82. La revista Placar publica este mes un especial sobre aquel equipo con este titular: '¡Por qué amamos tanto a aquellos perdedores!' Adoramos a aquel equipo que perdió tristemente la Copa del 82 porque él respetaba el balón y no admitía groserías con él. Volantes como Falcao o Cerezo jugaban con categoría de grandes medios, laterales como Leandro o Junior merecerían tener su nombre asociados a la palabra craque.
Pero la ironía suprema de esta historia es que La Seleçao del 82 murió hace 30 años en la misma ciudad donde nació el equipazo del Barça, el mismo que aprovecha sus horas libres para jugar con el manto español. De aquellas cenizas de color amarillo llegó la semilla del gran fútbol.