La Liga de Campeones

"Súbanse al carro de los molestos mientras puedan"

Martes, 17 de abril - 00:00h.

La irritación por el culto al Barça puede alcanzar nuevas cotas esta temporada; disfruten de él mientras puedan porque su era, como todas las demás, se acabará.

Bienvenido de nuevo, Barcelona. Mientras la Liga de Campeones se va reduciendo al llegar el final de la temporada, vuelve a ser el momento de que el mejor equipo de fútbol del mundo, los honrados duendes traviesos y hábiles de Catalunya, llegue a estas tierras y deslumbre a algunos optimistas de la Premier League con su temporal itinerante en un enjambre de complejidades geométricas. Esta semana le toca al Chelsea. (...) Y con esto en mente, tal vez valga la pena evaluar un momento la situación. Aquí podemos ser testigos de un récord generacional. Estas cosas siempre son difíciles de mesurar; pero lo cierto es que este puede ser el equipo del Barcelona más molesto de todos los tiempos. (...)

El Barcelona ha creado un tipo de fútbol para gente a la que no le gusta mucho el fútbol. La mayoría de los equipos juega como el Barça una vez a la temporada durante unos cinco segundos. El Bar-

ça juega siempre como el Barça. Es un descorche continuo de botellas de champán, una especie de fútbol BMW Serie 5: son innegables sus especificaciones de alto nivel, sus maravillosos valores de producción, la carencia de bordes irregulares. El Barcelona ofrece cada vez un toque de perfección homogeneizada a los consumidores. (...) Esta es una iglesia donde los milagros están al alcance de la mano, donde los pensionistas que levitan vienen de serie, donde se reaniman cadáveres y se prescinde de las muletas todos los días.

Es importante admitir que no se trata de un debate sobre lo bueno que es el Barcelona (esta es su época: es irrisoriamente superior). Y también es importante ir más allá de la reciente y errónea insinuación de que en realidad el Barcelona solo tiene «suerte», que se ve favorecido por conspiraciones arbitrales, que son los niños mimados de la UEFA. Esto es fundamentalmente una insensatez. Son las leyes del fútbol moderno, más que los árbitros, las que favorecen al Barcelona. Ellos son los únicos que están preparados para demostrar los límites absolutos de los 25 años de reformas que pretenden hacer que el juego pueda acoger mejor televisivamente la brillantez técnica. Mecido en la falda de las nuevas normas de no contacto, el Barcelona puede explotar tanto su propia e incomparable maestría técnica como el hecho de que la incomparable maestría técnica ahora sea suficiente por sí misma, reduciendo a los demás equipos a una especie de dique de sacos de arena, a una torpe horda de zombis que debe ser elegantemente liquidada. El Barça ya ha ganado esta macrobatalla. Es lo que se supone que el fútbol debe ser ahora y, si hay una conspiración a su favor, esta es absolutamente abierta.

Si ningún equipo había hecho antes lo mismo, tal vez sea porque el fútbol de élite nunca había sido así antes (...). Al lado del Barcelona, este equipo del Chelsea envejecido y en reconstrucción parece un graciosísimo ejemplo de la extrema variedad humana, con Frank Lampard, un jugador que ahora se mantiene prácticamente inmóvil y que solo está al acecho en tono de reproche, como un armario de caoba superfluo heredado de alguna tía lejana; Didier Drogba, que se parece cada vez más a una enorme cabecera fija; y John Terry, que parece estar siempre corriendo hacia atrás, con los brazos en molinete, buscando desesperadamente un lugar donde asirse. (...)

Esta temporada las cosas todavía han cambiado más. Si el Barcelona de repente es más molesto que nunca es porque quizá por primera vez hay un tinte de incertidumbre en todo ello. Hasta hace muy poco parecía que un manto de inevitabilidad cubría con vanagloria su ascenso (...). Pero esta temporada ha habido vacilaciones, diminutas aunque tangibles: algunas inquietudes de gestión, la posibilidad de terminar segundo en la Liga (...).

Y de algún modo ya se puede apreciar la huella de una grandeza irrepetible en este equipo actual. Todavía no habrá otro Xavi. Tal vez nunca habrá otro Lionel Messi. Y con el tiempo se entenderá, a regañadientes, que más o menos como todos los grandes equipos, este Barcelona es un hecho aislado, una imprevisible coincidencia de grandes talentos. Paradójicamente, tal vez esto sea lo más molesto de todo. Mientras se avecina otro título de Liga de Campeones, pronto puede llegar a ser incluso necesario cultivar un costoso afecto por esta extraordinaria y hábil fuerza de rectitud futbolística. Disfrutemos del irritante autorrespeto, del sentido de la excelencia administrado sin fricción. Siéntase molesto, muy molesto. Siéntanse molestos como si fuera la última vez.