Antes de salir al agua ya avisó. Marina Alabau se había despertado con buenas sensaciones. Aún en la cama, abrió un ojo y escuchó. Lo que oyó le gustó: viento. En el campo de regatas de Weymouth volvía a soplar Eolo generoso, en la medida justa para que la windsurfista española, nacida en Sevilla el 31 de agosto de 1985, volara hacia el oro.
Marina Alabau celebra el triunfo a la llegada al puerto olímpico montada en su tabla. REUTERS / PASCUAL LAUENER
Información publicada en la página 304 de la sección de Deportes de la edición impresa del día 08 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Para subir a lo más alto del podio de Londres 2012 le bastaba ser séptima en la final, reservada a las diez primeras. Su intuición le decía que tenía que hacer su regata, pero pidió consejos. «Ve a ganar la regata, para poder navegar tranquila», le sugirió Xabi Fernández. «Sal por encima del resto y busca viento libre», le apuntó un antiguo entrenador, Eduardo García Velasco. «Ve a disfrutar y haz lo que sabes a hacer», se limitó a decirle uno de sus entrenadores, Nico Bedou. El otro, Alex Guyader, que también es su novio, prefirió callar. Ni siquiera vio la final, cogió la bici y, sin móvil, se fue a dar una vuelta por Portland.
Alabau podría haber pasado de todos estos consejos y seguir simplemente su intuición. Durante toda la semana había demostrado que iba directa a la gloria, con velocidad, inteligencia en la táctica y en la lectura del viento y, sobre todo, seguridad. Llevaba un mes diciéndole a su novio que quería el oro, y nadie para a esta andaluza cuando se encapricha con algo. De pequeña empezó a navegar en Optimist, pero no paró de dar la lata a sus padres hasta que le compraron una tabla de windsurf. «Como navegaba en el río Guadalquivir, me ataron con una cuerda a una baliza para que la corriente no se me llevara, y allí estaba yo dando vueltas a la boya», relata.
RECUERDO EMOTIVO / El capricho del oro era aún más serio, porque Alabau sabe que puede ser la última oportunidad, al menos en windsurf. En noviembre la Federación Internacional puede sentenciar su muerte como clase olímpica. Quieren sustituirlo por el kitesurf, pero con esta especialidad también se atreve el primer oro español en Londres 2012.
«He hecho la regata de mi vida», señaló al llegar a puerto. Lo demostró desde la salida. Se colocó por encima de sus rivales y a los pocos segundos ya estaba delante. Llegó a la primera baliza tercera, tras la ucraniana y la inglesa. Primero adelantó a una y luego, antes de la última baliza, a la otra. El tramo definitivo hacia la línea de meta, líder en solitario, lo recorrió con el brazo en alto, celebrando un oro que dedicó a sus dos entrenadores, Nico y Alex. Y a Kim Lythgoe, el que fuera su entrenador en Pekín 2008 y con el que logró el título mundial del 2009 en las mismas aguas de Weymouth en que ahora ha saboreado la gloria.
«La medalla era nuestro objetivo y donde quiera que esté [falleció hace tres años] sé que estará orgullosa de mí», dijo feliz la nueva campeona olímpica de la vela española.