En las tres últimas ruedas de prensa le han preguntado a Pep Guardiola cuándo volverá. Aún no se ha ido. Ni se irá hasta el 28 de mayo, el día siguiente del partido contra la pobreza que se ha comprometido a dirigir, al frente de un Barça que se enfrentará a otro Barça en manos de Tito Vilanova. A Guardiola se le grabó en la cabeza, en una charla con su amigo Evarist Murtra, que pensara siempre en el bien del Barça al tomar las decisiones, antes que en su bien personal. El entrenador, al que ya se añora desde el minuto siguiente del que anunció que se marchaba, también ha antepuesto los intereses del Barça a los suyos -«el que más pierde soy yo», dijo al enardecido Camp Nou en su parlamento final del sábado-al dejar el banquillo.
Intimidad 8 Pep Guardiola, Cristina Serra y sus hijos, en la despedida definitiva sobre el césped. JORDI COTRINA
Información publicada en la página 46 de la sección de Deportes de la edición impresa del día 07 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Guardiola se va «vacío de energías» tras cuatro años entregados en cuerpo y alma. Se va al advertir y al acusar los primeros síntomas de desgaste en la vida cotidiana lidiando en todos los frentes que le afectan: el vestuario, la sala de prensa y el palco. Se va con el prestigio intacto e impoluto, con las puertas abiertas de par en par para volver cuando quiera y para que el club recurra a él cuando le necesite sin ningún foco de discusión o controversias en la masa social. Ese es el bien del Barça.Guardiola se va como no pudieron irse Cruyff y Rijkaard, predecesores de éxito que terminaron sus carreras en declive deportivo y sin el consenso unánime de la grada. Ninguno de los dos habría podido volver sin que surgiera alguna voz crítica. Las que se escucharon cuando Louis van Gaal se atrevió a volver en una segunda etapa peor que la primera.
Hasta el día 28
Ni una voz se levantará -perdón, algunas sí, las que han ronroneado al principio y al final de la era Guardiola- cuando un presidente del Barça acuda a Pep a pedirle ayuda. No debería ser Sandro Rosell -¿o sí?- que ha aceptado la elección de Tito Vilanova sugerida por Andoni Zubizarreta, el director técnico, tras cinco meses pensando una alternativa por si el adiós se producía. El futuro está en manos del ayudante de Guardiola, que deberá gestionar un ingente legado.
Para empezar, lo que tendrá que gestionar es su nuevo contrato. Todo el mundo sabe que es el sustituto, pero no hay nada negociado. Y se sentará en la mesa no como el mejor segundo, sino como primer entrenador del Barça, y deberá cobrar como tal. Según el precio de mercado, pero con el pedigrí de haber sido partícipe de los 13 títulos. Hasta el día 28, tras el amistoso benéfico, no se iniciarán las conversaciones con Vilanova ni se abordará la remodelación que requiera el cuerpo técnico. El nuevo jefe tendrá sus propias ideas y sus propias necesidades. Con Guardiola se va Manel Estiarte y puede que algún técnico más.
Las prácticas de Màrius
Para un futuro más lejano, empezó a hacer sus prácticas Màrius. En la íntima despedida sobre el césped del Camp Nou de los familiares y amigos del técnico, el hijo de Guardiola imitó gestos vistos 245 veces. Ordenó un imaginario ataque, instruyó un invisible repliegue defensivo, celebró con idéntica elocuencia goles inventados. Pep Guardiola estaba sentado en el banquillo. En silencio. Feliz. Convencido, como el primer día, de haber pensado en el bien del Barça.