Cuando el martes la lluvia convirtió en jornada interminable lo que en la pista fueron solo 2 horas y 54 minutos de juego, David Ferrer se tomó las molestias, como de costumbre, con calma. En las instalaciones de Flushing Meadows que acogen el Abierto de Estados Unidos, pasó el rato (más de 10 horas) con su equipo técnico, jugó un poco al parchís... Y dedicó tiempo a leer El arte de no amargarse la vida, un libro del psicólogo Rafael Santandreu definido como «un método claro, concreto y práctico para caminar hacia el cambio psicológico, mejorar nuestra relación con nosotros mismos y superar todos aquellos pensamientos, sentimientos y creencias negativas que nos amargan la vida sin necesidad».
Información publicada en la página 40 de la sección de Deportes de la edición impresa del día 06 de septiembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
A los 30 años, los 12 últimos como tenista profesional, aquel muchacho que llegó a trabajar brevemente en la construcción cuando le asaltaron dudas sobre el tenis, parece haberse adelantado a las enseñanzas de ese libro. El de Xàbea está realizando su mejor temporada, habiéndose colocado en las semifinales de Roland Garros y en los cuartos de Australia, Wimbledon y, tras la victoria del martes frente a Richard Gasquet por 7-5, 7-6 (7-2), 6-4 , en los del Abierto de EEUU, además de haber ganado 5 títulos de momento. Aunque con su enternecedora modestia él atribuye a «la suerte en momentos importantes» logros como no haber perdido más que un set en sus cuatro partidos hasta la fecha, el resto de amantes del tenis se entregan con adoración a su juego y su espíritu, ese que le ha ganado el apodo de la pequeña bestia.
Competidor implacable
Ayer mismo, en Sports Illustrated, Bruce Jenkins escribía que «el competidor más implacable es un placer de ver». y alababa a «un hombre capaz de cargar sobre sus hombros cualquier peso, incluyendo las expectativas de un país, sin inmutarse». Era una referencia al trascendental papel que Ferrer tiene en un equipo de Copa Davis sin Rafael Nadal que se enfrentará a EEUU entre el 14 y el 16 en Gijón. Pero tiene ya la experiencia del último duelo (y en la pista rápida de Austin donde Andy Roddick jugaba en casa) en que la cubrió, y de forma sobresaliente, la ausencia del de Manacor y ganó al exnúmero 1.
Si se le pregunta porqué es mejor ahora que hace tres, cuatro o cinco años (cuando sí llegó hasta las semifinales en Nueva York pero tuvo peores resultados en los otros tres grandes), admite que ha habido cambios. «He mejorado parte de mi juego. Por supuesto he mejorado mi mentalidad. Tengo más experiencia y esto es más fácil para mí».
Si se le pregunta por este Abierto como su mejor oportunidad de salir de esa sombra perpetua que junto al ausente Nadal proyectan Roger Federer, Novak Djokovic y Andy Murray, contesta con su inocencia casi naif. «Merecen la atención porque son jugadores asombrosos. No es problema para mi. Yo intento hacerlo lo mejor que puedo. No me importa».