Otra vez Pepe. De nuevo, otro numerito del defensa del Madrid, que sale a escena en cada partido. Sus faceta de teatrero ya no se la creen ni sus propios compañeros, que afean su conducta. Lo mismo sucede con buena parte del madridismo, que se avergüenza de las andanzas de un tipo que ensucia la imagen del club. En Getafe volvió a actuar de la forma más penosa. Rechazó con la mano un disparo de Diego Castro y se revolvió en el suelo queriendo dar a entender que el balón le dio en cualquier parte menos en las manos. Otra entrega antideportiva de un jugador que no aprende de sus propios errores.
Teatrero 8 Pepe simula haber sufrido una dura entrada durante un partido disputado en el Bernabéu esta temporada. EFE / JUAN CARLOS HIDALGO
Información publicada en la página 43 de la sección de Deportes de la edición impresa del día 06 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Llegó al Camp Nou en el choque de vuelta de Copa y recibió los pitos del público cada vez que tocaba un balón. En el encuentro de ida había pisado la mano de Messi ante el asombro del Bernabéu y el público de Barcelona no se lo perdonó, pese a las tibias excusas del jugador del Madrid tras una acción bochornosa que dio la vuelta al mundo.
El sábado llegó a Getafe y el público del Coliseum también le abroncó. No habían olvidado la agresión a Casquero en el Bernabéu, en la temporada 2008-2009, por la que el defensa del Madrid recibió una sanción de 10 partidos. «Se me ha ido la cabeza», dijo entonces el defensa portugués para intentar justificar lo injustificable. Por aquellas fechas, Florentino Pérez no había llegado aún a la presidencia del club blanco por segunda vez. Cuando lo hizo, en el verano del 2009, el cuerpo le pedía vender a Pepe, al que después no tuvo más remedio que renovar ante la insistencia de Mourinho. Ahora, tras la reincidencia del portugués, el club blanco está dispuesto a escuchar ofertas a final de temporada.
Un mal actor
Lejos de poner coto a su manera de actuar, Pepe reincide de una manera peligrosa. En Getafe demostró de nuevo que es un mal actor y que ya no engaña a nadie. Ni siquiera a sus compañeros. En la jugada del penalti, Casillas le tuvo que decir que se levantara porque Ayza Gámez, colegiado del encuentro, no había pitado la pena máxima. Solo entonces, Pepe, como un muñeco de guiñol, dejó de retorcerse.
Hizo lo mismo en el Bernabéu, en el choque copero ante el Barcelona, cuando intentó provocar la expulsión de Cesc tras un ligero encontronazo entre ambos. Todas esas acciones del jugador portugués parecen avaladas por un entrenador que no parece dispuesto a cambiar la conducta de su jugador. Está claro que para Mourinho el fin justifica los medios, aunque buena parte del madridismo no esté de acuerdo con la conducta antideportiva y las dotes interpretativas de Pepe .
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