ÚLTIMA HORA Francisco Pérez de los Cobos, nuevo presidente del Tribunal Constitucional
J.M. Fonalleras
Escritor y periodista
Hay muchas palabras que hablan de fútbol y sobre el fútbol. Hay pensamientos profundos, como los de Pasolini -«el fútbol es un lenguaje»-, o pesadas y divertidas bromas británicas, como las de Bill Shankly, el mítico entrenador del Liverpool -«si
Información publicada en la página 56 de la sección de Deportes de la edición impresa del día 19 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
el Everton jugara en el jardín de mi casa, correría las cortinas»-. Hay desprecios absolutos, como el de Borges, elogios comparativos, como el del dramaturgo J. B. Priestley -«decir que hay veintidós mercenarios que dan coces a un balón es como decir que Hamlet está hecho de tinta y papel»- , o filosóficas aseveraciones argentinas, como aquella de Alfredo di Stefano en la que decía que si la pelota está hecha de piel y la piel es de la vaca y la vaca come pasto, pues es evidente que la pelota debe ir al pasto. Luego, más allá de todo esto, está la Biblia. Y es en la Biblia donde hay que ir a buscar la verdad.
Me han de permitir una breve excursión teológica. «Al principio», explica el Génesis, «Dios creó el cielo y la tierra. La tierra era caos y confusión, las tinieblas cubrían la superficie del océano y el viento de Dios aleteaba sobre las aguas. Dios dijo: «Que exista la luz». Y la luz existió. Y aun otra cita del libro de Jeremías: «Entonces, Yahvé alargó la mano y me tocó la boca. Y me dijo: «Toma, te pongo en la boca mis palabras».
No se asusten. No hablaré de religión, pero sí de creación. En el primer caso, no son las acciones divinas las que crean el mundo, sino la Palabra. Dios habló y la luz apareció. Es la Palabra que da a luz el universo. En el segundo, el nacimiento del profeta proviene también de una circunstancia lingüística. El profeta es quien recibe y amplifica esa primigenia palabra creadora. ¿Es exagerado comparar las figuras de Dios y de Guardiola y equipararlos? En cierto modo, sí, claro, aunque los amantes del fútbol sabemos que estamos hablando de una religión, con mandamientos, pecados, milagros y vida eterna. No lo es tanto, sin embargo, si nos fijamos, sin ir más lejos, en el título del libro que ofrece EL PERIÓDICO. Palabra de Pep nos remite a un origen sobrenatural, a unas indicaciones que emanan de alguien a quien rendimos homenaje y veneración y que nos indican el camino recto por donde avanzar.
Modelo a estudiar
Hay escuelas de Catalunya que han incorporado a sus planes de estudio, de ética y de lengua, las palabras de Guardiola. Muchos de nosotros las tenemos enmarcadas en el comedor de casa, en una baldosa de cerámica. Son sentencias, reflexiones, juicios, normas de vida. Palabras que el entrenador del mejor Barça de la historia ha dicho aquí y allá y que, como en el caso de los Evangelios, él no ha escrito. Las ha predicado en los púlpitos modernos, las salas de prensa de los estadios de la Liga y de la Champions. Su pensamiento, si nunca lo escribe, tal vez no tendrá tanta fuerza como tiene ahora con esta recopilación de mensajes dispersos. No sin estructura, porque resulta que Guardiola la tiene y la desarrolla en pequeñas píldoras para que los mortales podamos asimilarlas.
Y aquí viene la explicación del Génesis. Es en la palabra donde se inicia todo. «Guardiola ha mejorado el fútbol hablado», manifestó Vila Matas. Aún más. Es en el habla donde el fútbol nace y crece y se consolida como un universo. Como hizo Dios al crear el mundo.