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Análisis

El ojo que agredió al dedo de Mourinho

Sábado, 14 de julio del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
ANTONIO BIGATÁ

El lunes arranca para el Bar-

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Información publicada en la página 56 de la sección de Deportes de la edición impresa del día 14 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

ça la nueva temporada. Se trata del curso que indicará si hemos asimilado bien lo visto, vivido y aprendido en los cuatro anteriores. Y no es solo un examen de reválida para Tito Vilanova y los jugadores: se trata además de comprobar si en estos años mágicos todos los demás protagonistas del barcelonismo, es decir la directiva, el entorno y los seguidores, hemos pulido asimismo nuestros viejos defectos y sabemos asumir con madurez el liderazgo mundial conseguido por la marca Barça.

Me refiero a esta segunda parte, a lo que no es estrictamente el juego del equipo, porque son muchos los que nos están esperando a la vuelta de la esquina con sus zancadillas. Son numerosísimos. Pero en el caso de la familia barcelonista, la experiencia dice que nuestros peores enemigos son los interiores, son recaer en el error de no entender que el Bar-

ça actúa siempre en campos que son contrarios, son justificar nuestros fallos aludiendo a las agresiones ajenas, son recostarnos en el victimismo, son magnificar las diferencias personales entre quienes ahora mandan y quienes lo hicieron antes y desean volver a hacerlo después.

La lógica del proceso

Soy uno de los escandalizados por la amnistía a la agresión de Mourinho contra Vilanova. Pero considero que ha sido la culminación lógica de todo un proceso que se inició con el dedo en el ojo, que continuó con el diagnóstico oficial de que había sido únicamente «una falta leve», y que se aderezó con villanía cuando la llamada justicia deportiva castigó casi al mismo nivel a Vilanova por haberse sacado agriamente de encima a quien le había hecho daño. Lo de ahora sigue simplemente aquella lógica. El enemigo incluso debe pensar que habríamos de darle las gracias porque no se dictó una nueva sanción más ejemplar y no amnistiable al entrenador barcelonista por haberse atrevido a agredir con su ojo la punta del dedo de Mourinho. Es una tesis que únicamente no ha prosperado porque existen imágenes imborrables que demuestran lo contrario y, sobre todo, porque la opinión pública internacional considera unánimemente que aquella noche Mourinho demostró ser un miserable.

Pero si estoy escandalizado por la nueva agresión que supone la amnistía, también me escandalizan algunas de las reacciones que genera entre nosotros. Me duelen porque regresan al viejo defecto barcelonista de encarar muchas actuaciones dañinas ajenas convirtiéndolas erróneamente en problemas y divisiones propias. A mí me parece atinada la seriedad que exhibe el club en este tema. No llora, muestra su cabreo y refleja conciencia de vivir en un contexto injusto. Y muestra sin la menor ambigüedad su desprecio a la violencia del técnico madridista, su desprecio a las instancias federativas, y su desprecio a los mecanismos de justicia que ensucian al fútbol español.

Lo único que pido es que ese desprecio tenga continuidad y no acabe subsumido en la contemporización y el olvido, como ha sucedido tantas veces con tantas directivas. También subrayo que no comparto la tesis de alinear a un equipo reserva en la Supercopa. El mayor daño que se le puede causar a Mourinho y a lo que él significa es ganarle precisamente esa Supercopa y es convertir en inútil su amnistía.

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