Ya nada es igual en la vida de Jordi Alba. No solo porque es campeón de Europa de selecciones, su primer título como profesional («vosotros ya la tenéis, pero os pido por favor que ganemos la final porque yo no tengo ningún título», imploró en el vestuario a sus compañeros minutos antes de saltar al estadio nacional de Kiev), sino también porque en poco más de un mes ha pasado de ser un excelente lateral izquierdo a ser considerado el mejor del mundo en su posición. Un reconocimiento que le llega justo después de fichar por el Barça, el club de sus sueños, al que regresa por la puerta grande tras haber tenido que abandonarlo porque no acababa de pegar el estirón. O sea, era demasiado pequeño.
Información publicada en la página 51 de la sección de Deportes de la edición impresa del día 04 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Ahora su figura se ha agigantado, pero Jordi Alba, a sus 23 años, sigue manteniendo la humildad que le ha consagrado entre la élite mundial y que le ha hecho ganarse el cariño y admiración allí por donde ha pasado. Como el Valencia, club del que ayer se despidió emocionado. «El Valencia me dio la oportunidad de jugar en Primera División y en un estadio como Mestalla, donde tuve una sensación increíble cuando debuté. Estaré eternamente agradecido a este club porque me ha permitido ser el jugador que soy», dijo Alba.
El defensa, que en los Juegos de Londres tendrá la oportunidad de sumar su segundo título en forma de medalla de oro, se acordó también de la afición -«siempre me ha tratado muy bien»- y tuvo un recuerdo especial para Unai Emery, un entrenador vital en su carrera. «Lo ha sido todo para mí, fundamental en mi progresión como jugador. Cuando empecé como lateral me caían muchas críticas, tanto a mí como al míster».
Del ataque a la defensa
Cierto. Fue Emery quien tuvo claro que ese veloz futbolista tendría más recorrido partiendo desde la defensa que moviéndose como extremo. El tiempo le ha dado la razón al entrenador vasco. «Me aguantó en esa posición, me dio mucha confianza y al final todo salió bien porque jugar en ese puesto me ha abierto las puertas de la selección», recordó el jugador, que no guarda rencor al club azulgrana. «No miro si me echaron del Bar-
ça, solo sé que vuelvo a casa para estar con mi familia y mi gente».
El ya nuevo jugador azulgrana, que recibió una réplica de plata del estadio valencianista, aterriza hoy en Barcelona, donde le espera una apretada agenda más allá de las fronteras de la capital catalana. Al mediodía, en las oficinas del club, posará para los medios gráficos delante del escudo del Barça, una de las imágenes protocolarias de cada nueva incorporación. Por la tarde, le aguarda el recibimiento multitudinario de toda la ciudad de L'Hospitalet, volcada con su nuevo héroe, que tendrá el honor de saludar a todo aquel que acuda a recibirle desde el balcón del ayuntamiento a partir de las 20.00 horas.
Mañana llegará, al fin, la cita con el Camp Nou, que abrirá sus puertas a partir de las cinco de la tarde para que los aficionados culés puedan darle la bienvenida. Por la mañana, el jugador pasará el reconocimiento médico a las 8.30 horas en el Hospital de Barcelona y, posteriormente, en la ciudad deportiva de Sant Joan Despí. A las cuatro de la tarde, le espera el presidente Sandro Rosell para firmar su nuevo contrato por cinco temporadas. Así es la nueva vida de Jordi Alba, un lateral zurdo que no cree en sueños imposibles.