Muchas cuestiones quedan para responder en este Tour. Quien crea que está resuelto se equivoca, pese a la paliza del pasado lunes de Bradley Wiggins en el arte de la contrarreloj. ¿Será capaz el conjunto Sky de ahogar a todos los rivales en las etapas de montaña? ¿Tendrán fuerzas, no solo hoy camino de La Toussuire con La Madalaine y la Croix de Fer de por medio, sino en los Pirineos, la próxima semana? ¿Flaqueará el británico en su asignatura pendiente: los descensos? Ayer, en la extraordinaria bajada del Grand Colombier, de lo mejor que se ha visto, táctica y ofensivamente en esta ronda francesa, Vincenzo Nibali demostró que el reinado amarillo de Wiggins puede tambalear.
Wiggins, el líder, y Froome, su lugarteniente, lo pasaron mal en el descenso del Grand Colombier. AP / LAURENT CIPRIANI
Información publicada en la página 59 de la sección de Deportes de la edición impresa del día 12 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Un Tour se gana normalmente en dos facetas: atacando en la montaña o noqueando a los contrincantes en la contrarreloj. Cuando se es capaz de responder en ambos territorios entonces no hay color. Pero no sería la primera vez que una grande boucle se decide en un descenso. Sin remontarse a los tiempos demasiado pretéritos se recuerda como Stephen Roche apuntaló el Tour de 1987 ante Pedro Delgado bajando la Joux Plaine o como Miguel Induráin cimentó su primera victoria, el primer día de amarillo, atacando en el descenso del Tourmalet. En otras grandes rondas destaca la ofensiva de Alexandre Vinokurov (Vuelta del 2006) para noquear a Alejandro Valverde de Sierra Nevada a Granada.
CARTAS DESCUBIERTAS / En esta ronda francesa, en la que la victoria de etapa sigue negada a los corredores españoles (ayer, a Luisle Sánchez, cuarto, le fallaron las fuerzas en los últimos 150 metros), hay un secreto a voces. Todos saben que Wiggins, extraordinario en la contrarreloj y preciso en las subidas, flaquea en las bajadas. Wiggins, tal vez el ciclista que física y tácticamente más se parece a Miguel Induráin por su forma de correr en el Tour, difiere, sin embargo, del navarro en su poca habilidad bajando. Lo sabe Vincenzo Nibali, tal vez más impaciente y nervioso, carácter latino, y lo apuntó ayer en la Grand Colombier Cadel Evans, más paciente e introvertido, carácter anglosajón. En un santiamén, con coraje, sin miedo, sin importarle los precipicios, sin saber si llevaba frenos en la bici, el líder del Liquigas, un Tiburón Nibali que jugó a Pirata Pantani, rompió las estructuras del Sky. Wiggins tocó demasiado el freno y Chris Froome tuvo que sacar su careta de ayudante y desgastarse más de la cuenta para evitar males mayores. «No iba a ninguna parte», justificó Wiggins en la meta al hablar de Nibali (se fugó a 40 kilómetros de la llegada para permanecer 16 escapado). «He visto que se puede atacar a Wiggins. No lo tendrá fácil para ganar en París», le retó Nibali.
A los seguidores franceses casi les dio igual. Ganó Thomas Voeckler, su niño mimado, que iba en la fuga de Luisle. Y enloquecieron de placer.