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LUTO EN LOS HIPÓDROMOS ESPAÑOLES

Nadie como Carudel

La muerte, a los 74 años, del mejor jinete español hace recordar épocas gloriosas

El 'Rubio de Oro' ganó 1.451 carreras en 31años

Martes, 10 de julio del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
JOSÉ I. CASTELLÓ
BARCELONA

Si a alguien le preguntasen por el nombre de algún deportista del desconocido mundo de las carreras de caballos seguro que la respuesta sería Claudio Carudel. Incluso para quienes nunca han visto un purasangre. Esta es la imperdurable huella que ha dejado en la memoria de muchas generaciones el mejor jinete de carreras de caballos en España, fallecido, el pasado domingo, en un hospital madrileño, a la edad de 74 años.

Carudel inició su carrera en España en 1957. EFE

Carudel inició su carrera en España en 1957. EL PERIÓDICO

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Información publicada en la página 52 de la sección de Deportes de la edición impresa del día 10 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

Carudel fue un lujo para el turf español. Un as de la fusta. El deportista de esa especialidad más laureado y más querido por todos. Siempre mostró a los aficionados y a los caballos un respeto impropio en un mundo de trampas y envidias. Un lujo para la afición, que lo admiró por su virtuosismo encima del caballo y por sus buenas formas, estilo y lenguaje fuera de las pistas.

Un inglés nacido en Francia

Durante sus años de competición en España (31 temporadas en total, entre 1957 y 1988), ganó 1.451 carreras, 18 campeonatos de jockeys y 106 grandes premios. Un historial increíble que, difícilmente, algún jinete español podrá igualar.

Aunque Carudel nació en Francia, en Chantilly, la cuna de las carreras en el vecino país, su nacionalidad fue inglesa, porque ingleses eran sus progenitores. En España, nunca se sintió extranjero y así lo expresó en multitud de ocasiones.

Con 19 años llegó a Madrid para montar a Abe de Fuego, del propietario José Gandarías, y ya se quedó toda la vida. Carudel contaba siempre la anécdota que Abe de Fuego no fue el mejor nombre para alguien que quisiese aprender español desde el primer día. Resulta que Abe, con b, se debía a que Gandarías, muy amigo del músico catalán Xavier Cugat --casado entonces con la cantante americana Abbe Lane--, decidió honrar su amistad cambiando el nombre de su yegua Cucaracha por Abe de Fuego.

Crea escuela

En poco tiempo el Rubio de Oro, como le llamaban los aficionados, consiguió cautivar a la afición española. «Yo no era un gran jinete cuando vine a España, no montaba bien, pero la gente me elogiaba tanto, tanto, que me obligaron a no defraudarles», dijo en una ocasión. Y así fue. En poco tiempo cambió la forma de montar de sus compañeros y no dejó de triunfar. Hizo que el ciudadano de a pie lo conociese más que a nadie del hipódromo porque lo nombraban en los medios de comunicación y parecía que, en ese mundo raro y particular de las carreras, solo ganaba él. Cuando la gente decía que solo Carudel era capaz de obrar milagros sobre un caballo, siempre respondía con sencillez y sinceridad: «Un jockey no puede hacer milagros. Pero si puede perder carreras ganadas».

A quien sí hizo perder muchas carreras fue a sus contrincantes. Entre todos ellos, los que montaron para Ramón Mendoza, el expresidente del Real Madrid, quien nunca consiguió con todos sus millones fichar al Rubio de Oro, confeso seguidor madridista, que siempre mostró devoción por los colores de su patrón, la familia Blasco Villalonga.

La última carrera

Carudel dejó de montar el 14 de febrero de 1988. Después pasó a ser entrenador y con la reapertura, en el 2005, del Hipódromo de La Zarzuela, se convirtió en el director de la Escuela de Aprendices. El año 2007, los gestores del hipódromo crearon el Gran Premio Claudio Carudel.

Desde aquel día, cada tercer domingo de junio se han repetido las muestras de cariño hacia Carudel, que fue «un mago» para los doctores de este deporte y para los aficionados, una inyección de elegancia, clase e inteligencia. «Un espejo en el que mirarse», dice el jinete José Luis Martínez. Todavía hoy resuena en los hipódromos españoles el grito: «Vamos, vamos, Carudel».

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