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El clásico de la Copa | EL PARTIDO DEL BERNABÉU DEJA LA SEMIFINAL EN EL AIRE

Muy poco clásico

El Barça está a punto de dejar otra vez mudo al estadio blanco pero el Madrid se escapa con vida

Jueves, 31 de enero del 2013 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
DAVID TORRAS
MADRID

El Barça dejó el Bernabéu en silencio y pudo haber enterrado al Madrid como ha hecho en la Liga, pero le dejó un hilo vida y, cuando más cerca estaba de rematarle, se volvió misericordioso. Un pecado intolerable cuando anda por medio el Madrid, incluso uno tan pobre como el de Mourinho. Fue dejando pasar una ocasión tras otra, y entre errores y alguna mano de quien mandará a Adán al infierno, Diego López, la Copa quedó en el aire con el empate de Varane, el nuevo héroe después de salvar un gol y meter otro. El madridismo celebró el 1-1 como un trofeo mayor, como un club pequeño, a la altura del estilo que ha instaurado Mourinho.

Cesc se dispone a fusilar el 0-1 ante el defensa madridista Varane. JORDI COTRINA

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Así que de tener abiertas de par en par las puertas de la final, habrá que esperar un mes para revivir una doble ración de clásicos. Y, por una vez, el de Copa estará muy por encima del de Liga. Ahí, el Madrid, a 15 puntos, no parece que tenga mucho que decir. Pero en la vuelta habrá recuperado las piezas que ayer no tenía, un agujero en el que el campeón debería haber hurgado con más determinación. Ese día hay que desear que, en la silla vacía al lado de Roura, vuelva a estar Tito, que desde Nueva York debió cruzar mensajes con su segundo, sufriendo ante tanta ocasión perdida. Que vuelva cuanto antes, no porque se eche en falta su mano sino porque será una buena señal, y eso está por encima de todo.

No fue el gran Barça que acostumbra a poner de rodillas el Bernabéu. Messi, por ejemplo, pasó de puntillas por el partido, y eso es muy mala señal. Tenía el récord de Di Stéfano a tiro de un gol, pero apenas lo vislumbró, encajonado en medio de la presión blanca. Pero otros pudieron ocupar su sitio. Cesc, además del gol, Pedro, Alba... y no hubo manera.

MIEDO ESCÉNICO / Cuando más cómodo se sentía, cuando más callados estaban, cuando más tenía el balón, más dolía el empate. El gol, eso sí, llegó en un doble error arbitral: una mano de Carvalho al borde del área en un ataque de Messi (falta y segunda amarilla) y un córner inexistente que propició el remate de Varane. De repente, el Bernabéu levantó la voz, eufórico por el empate, sintiéndose vivo cuando intuía otra condena.

El marcador diluyó lo que durante largos ratos fue un suplicio blanco. Cuando Valdano acuñó el concepto del miedo escénico del Bernabéu, no imaginaba que algún día se volvería del revés. Es lo que ocurre cuando aparece el Barça. Han pasado los días de gloria y, por más que grite, el estadio traga saliva en cuanto el balón va de toque a toque, de Xavi a Busquets, y a Iniesta y, sobre todo, a Messi. Entonces se escucha un runrún, y un murmullo nervioso, y miles de merengues aprietan los dientes para que alguien pare a ese diablo, que lo tumben si hace falta pero, por Dios, que deje de hacer zigzags. Ayer, sin ser el Leo de siempre, los tuvo atemorizados.

NUEVE DE CASA / Más allá de los títulos y del estilo, este es uno de los grandes valores de este equipo. Da miedo a quienes casi nunca en la vida lo han tenido y han ido por la historia mirando a los demás por encima del hombro. Ya no. El Barça ha acabado con eso. Y con estilo. Y con gente de casa. Ayer, nueve de los titulares, salvo Pinto y Alves, en un once que ha costado 88,5 millones de euros frente a los 220 del Madrid. Así que el Bernabéu anda un poco o muy enloquecido con la hegemonía azulgrana, simbolizada en Messi, a quien ven como el responsable de todos sus males. «Messi, Messi, Messi, subnormal», se escuchó varias veces, acompañado por los insultos de siempre al Barça y a Catalunya, y hasta a Shakira. A Puyol le lanzaron un mechero, pero no se lo enseñó al árbitro para evitar líos.

Pero al final esos gritos acaban muriendo poco a poco, enterrados por un Barça de piedra, que juega ajeno a cualquier presión, encantado de tener la pelota y ponerse a jugar. Anoche, no lo hizo tan majestuosamente como otras veces: pasó por fases de escaso control, con muchos más errores de la cuenta, que pudieron costarle caro. Al Madrid le faltó el Ronaldo de los últimos días. Lo que no le faltó, como de costumbre desde que Mourinho anda por ahí, son los malos modos del desagradable Arbeloa y el insufrible Xabi Alonso. Hay cosas que no cambian. Es la envenenada semilla de 'Mou'.

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