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EL SORPRENDENTE GANADOR DEL OPEN DE EEUU

Murray rompe sus cadenas

Con su primer grande ganado a pulso en Nueva York, el escocés, entrenado desde hace nueve meses por Lendl, se libera de las dudas mentales que le habían frenado en su ascenso

Miércoles, 12 de septiembre del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
IDOYA NOAIN
NUEVA YORK

El lunes por la noche, cuando Novak Djokovic anuló la ventaja inicial de dos sets que Andy Murray había logrado en la final de Abierto de Estados Unidos y obligaba a jugar una quinta manga, el escocés se fue al baño. Allí, solo, en las entrañas del estadio Arthur Ashe, mientras el público seguía rugiendo emocionado ante la perspectiva de un rato más de memorable tenis, Murray habló consigo mismo. «Es solo un set más. Dalo todo. No quieres salir de esa pista teniendo algo que lamentar. No te hundas a ti mismo. Inténtalo y pelea».

Liberado 8 Andy Murray posa con el trofeo del Abierto de EEUU en el Central Park, con las imágenes de los rascacielos de Nueva York al fondo. AFP / CLIVE BRUNSKILL

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Información publicada en la página 58 de la sección de Deportes de la edición impresa del día 12 de septiembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

A los 25 años, Murray necesitaba decirse esas cosas. Cuatro veces antes se había visto en esa situación, la final de un Grand Slam, el santo grial que en el mundo de su deporte es, para bien o para mal, lo único que asegura el reconocimiento a la grandeza. Esas cuatro veces se había visto superado. Y esta vez no se lo podía permitir, al menos, no por sus propias dudas, no por si mismo.

La conversación interna dio sus frutos. En los siguientes 51 minutos, Murray cerró lo que acabaría siendo el marcador definitivo, 7-6 (12-10), 7-5, 2-6, 3-6 y 6-2. Y esos números representan algo más que un Abierto de Estados Unidos: esconden la combinación que necesitaba para hacer volar por los aires las cadenas que durante años le habían impedido volar hasta lo más alto aquel niño que empezó a jugar a los 10 años animado por su madre, Judy, e impulsado por la competitividad de su hermano mayor, Jamie.

«Ha sido un largo, largo viaje», reconocía más tarde el ya número tres del mundo, campeón este año en los Juegos Olímpicos, aún algo «incrédulo», sobre todo «aliviado».

Se ha quitado de encima no solo sus propias cadenas, esas forjadas por sus crisis temperamentales y no por falta de talento. Ha confirmado con un título lo que su juego ya había demostrado: que es quien más merece competir en la cima con Roger Federer, Rafael Nadal y Djokovic, tres jugadores que reconoce clave en su vida. «Quizá si no hubiera jugado en su era -decía- habría ganado más, pero no habría sido tan buen jugador».

Murray podrá dejar de escuchar la «estúpida pregunta» que le ha perseguido desde que empezó a brillar, ese interrogante que siempre le vinculaba a Fred Perry, el último gran campeón británico, allá por los años 30, poniendo sobre sus hombros la responsabilidad de rescatar el tenis de toda una nación. «Espero que (este triunfo) inspire a niños a jugar al tenis y borre la noción de que los tenistas británicos se ahogan o no ganan -aseguraba esperanzado el lunes-. El tenis está en un buen lugar en este momento en el Reino Unido».

Ausente de su masificada rueda de prensa -una realidad que sabe que ahora puede esperar a menudo-, estuvieron las referencias a momentos trágicos que han marcado su vida y que aparecen en su autobiografía, como la matanza cometida en su escuela cuando él tenía solo 9 años. Muy presentes, en cambio, estuvieron recientes cambios en su carrera que le han ayudado a dar este salto.

Posiblemente ninguno es mayor que un nombre mítico del tenis: Ivan Lendl. Y es que desde que hace nueve meses empezó a trabajar con el checo-estadounidense, alguien que tuvo también la experiencia de perder sus primeras cuatro finales en grandes antes de conseguir ocho títulos de Grand Slam en otra era de oro, Murray ha cambiado. «No siempre escuchaba a los entrenadores. A veces era muy inmaduro en la pista». Ahora escucha. Es maduro. Gana grandes. Promete luchar por el número 1. Vuela alto. Y sin cadenas.

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