El pasado 17 de junio, en el play-off de la final de la Liga contra El Pozo de Murcia, Javi Rodríguez (Santa Coloma de Gramenet, 1974) jugó su último partido en el Palau. Manteado por los compañeros y homenajeado por la afición, vivió un día inolvidable. «Me costó muchísimo jugar aguantándome las lágrimas», confesó. Los Dracs, el grupo de animación más fiel del Palau, le dedicó una pancarta significativa: Javi Rodríguez. Un capitán, un sentimiento, un mito, un orgullo, un amigo. Gracias, Javi 7. Después de seis años en el Barça, el jugador más emblemático de la historia del fútbol sala se despidió de una afición que le idolatró desde el primer día.
Información publicada en la página 510 de la sección de Fútbol de la edición impresa del día 20 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Javi Rodríguez dejó el Barcelona y muchos culés le perdieron la pista. ¿Se iría el mito a otro equipo de la Liga? ¿Seguiría en el cuerpo técnico del club azulgrana? ¿Se iría al extranjero? «Tuve muchas propuestas de España, pero me apetecía una nueva aventura. Quería cambiar. Vestir la camiseta del Barça es diferente a todo. Después de estar tantos años allí no me veía enfrentándome a ellos. Hubiese sido duro para mí», cuenta el carismático ala-pívot en conversación telefónica con este diario.
Nada más terminar la Liga, fue invitado a jugar un torneo en tierras árabes. «Fui para desconectar. Después me hicieron una propuesta y me resultó muy atractiva. Me apetecía una nueva ventura. Quería cambiar», dice el jugador, que decidió fichar por el Kuwait Club. «Me daban todas las temporadas que quisiera, pero mi idea es estar solo un año».
Más de 40 grados
A finales de septiembre se marchó con su mujer al país del golfo Pérsico y comenzó esa nueva experiencia. «La gente es superamable y no hay delincuencia. Lo peor es el calor. De día hay temperaturas de más de 40º y no es bueno estar por la calle. La vida se desarrolla mucho en los centros comerciales», explica el ala-pívot, que se entrena cada mañana en solitario. La Liga kuwaití empieza en diciembre, después del Mundial de selecciones de Tailandia.
El campeonato de Kuwait cuenta con 16 equipos y los clubs solo pueden tener dos extranjeros en la cancha. El brasileño Bruno acompaña a Javi. También tiene un técnico de Brasil. «Me sorprenden las instalaciones. Son espectaculares. Tenemos un campo propio para 6.000 personas, pero la Liga se juega entera en el mismo pabellón», comenta Javi Rodríguez, satisfecho con el recibimiento que ha tenido y con su adaptación a su nueva vida. «Quiero contribuir a consolidar el fútbol sala en este país. Con un poquito más de organización tendrán mucho ganado». En Kuwait, por ahora, los jugadores autóctonos no son profesionales. Todos estudian y trabajan.
Volver al Barcelona
Javi Rodríguez siempre fue un adelantado. A los 6 años ya jugaba con una ficha falsa contra chicos mayores que él en el Santa Rosa de Santa Coloma. Tras un breve paso por el fútbol grande, jugó en el Sant Andreu hasta que Vicenç García se fijó en él para el inolvidable Industrias. Con 18 años ya estaba en la élite. Luego llegó el Playas de Castellón, donde se consagró como una gran estrella.
En el 2006 afrontó su mayor reto. El Barça había subido a División de Honor y necesitaba un faro que guiara su proyecto. En seis años, y en un gran grupo dirigido por Marc Carmona, condujo al equipo catalán a la gloria, con cuatro títulos en la última temporada, incluida la Liga y la Copa de Europa. «Estoy muy contento de todo lo que viví. Mi salida fue consensuada. Fue un paso que tuvimos que dar. Ya no me sentía importante. Vine para hacer grande al club cuando todo empezaba y, sinceramente, creo que lo conseguí. Tuve una despedida perfecta como jugador. Pero me gustaría volver a la entidad. El Barça es diferente a todo».