Luis Mendiola
Periodista
Veinticuatro horas después de colgarse la plata de los 200 mariposa en los Juegos de Londres, Mireia Belmonte sigue en una nube de la que no quiere bajar. Nada parece que pueda con esta badalonesa, de 21 años, que hoy peleará por repetir la carrera de su vida en los 800 libres y cerrar con otro podio su particular maratón olímpica, que le ha llevado a competir en cinco pruebas individuales y un relevo hasta traspasar con éxito la frontera de la grandeza.
Información publicada en la página 312 de la sección de Deportes de la edición impresa del día 03 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Belmonte se presentará hoy en la salida con el cuarto mejor tiempo de las ocho finalistas y la adrenalina aún disparada por una conquista que la coloca en un privilegiado club: solo cinco nadadores españoles en la historia han subido a un podio olímpico de natación. «Estoy feliz, aún no me lo acabo de creer», explicaba ayer, con la reluciente medalla colgándole aún del cuello. Hay una razón: «La llevo encima porque no quiero perderla».
TERCERA FINAL / La prueba de 800 libre será su tercera final olímpica en el Aquatic Centre después del 400 estilos y del 200 mariposa. Así que debería empezar a dar signos de flaqueza. No es así. Ayer lucía relajada y ansiosa por volver a la piscina, aunque por unas cosas y otras, no ha tenido mucho descanso en las últimas horas. «Después del podio, pasé el antidopaje. El conductor que me llevó a la villa, no sabía el camino, se perdió y tardamos más de media hora en llegar. Después fui a cenar y me metí en la cama a las dos y me he levantado a las ocho», relataba acerca de una jornada maratoniana, en la que no cesaron los mensajes de felicitación. Su cuenta de Twitter se disparó de los 15.000 seguidores antes de la final a los 29.000 tras la medalla. El primer mensaje que le llegó a su cuenta fue el de Rafa Nadal, con el que después pudo hablar por teléfono a través de una emisora. «Estoy sorprendida y agradecida por que tantos cracks del deporte español se fijen en mí y me feliciten. En especial me hizo mucha ilusión lo de Nadal, porque es mi ídolo y choca un poco que te felicite él, cuando tendría que ser al revés».
Belmonte reconoce que el podio olímpico es la recompensa a sus años de trabajo. «La medalla es una liberación. Han sido días difíciles porque había entrenando muy bien y no salían las cosas. Pero, hablando el día antes con Fred (Vergnoux, su entrenador) le dije, que si habíamos hecho bien las cosas, los resultados debían llegar. Y no tardaron en hacerlo gracias a Dios».
«ME TIRARÉ EN PARACAÍDAS» / No solo ha sido fundamental para su trabajo la preparación física y técnica con Vergnoux. También la mental porque Belmonte ha recurrido durante el último año a un preparador mental, que la ha ayudado a manejarse en situaciones de estrés y superar sus miedos. «En los primeros días estaba muy tensa. Era mi primera final olímpica, pero poco a poco me he ido encontrando mucho más cómoda. La clave ha sido no ponerme nerviosa y pensar que si lo hacía bien los resultados vendrían solos», cuenta Belmonte, que tiene una promesa que cumplir: «Dije que si ganaba una medalla, me tiraría en paracaídas. Así que lo tendré que cumplir».
Con esa sólida mentalidad, afrontará ahora Belmonte la final de hoy en los 800 libre, una prueba que le obligará a mejorar su marca para pelear con la británica Adlington y la danesa Friis, las favoritas. «La medalla me ha dado mucha confianza. Sé que tendré que bajar un par de segundos mi marca (tiene 8.22 minutos) para estar en cabeza», afirmó Belmonte, que no ha tenido tiempo para gozar.