El fútbol español ha dejado de ser el oasis económico de un país con telarañas en la caja fuerte y una economía por los suelos. La realidad virtual en la que ha vivido el mundo del balón en España hasta la pasada temporada ha dejado paso a una importante política de ajustes, mucho más acorde a la situación económica y social de un país con una tasa de paro galopante, sueldos reducidos a la mínima expresión y tijeretazos por doquier, disciplina convertida en deporte nacional cada viernes tras el consejo de ministros. Finalmente, y aunque ha costado, los recortes han llegado al fútbol.
Tanto es así que ni con la más que posible llegada de Alexander Song al Barça y de Luka Modric al Madrid (el primero podría costar 20 millones y el segundo unos 30), el importe total gastado en fichajes por los clubs de Primera División no llegará ni a la tercera parte de los 385 millones invertidos la pasada temporada. Sin la incorporación del todavía centrocampista del Arsenal y del mediapunta del Tottenham, el dinero invertido en refuerzos es de 65,2 millones de euros, prácticamente lo que se gastó solo el Barça la temporada pasada en Cesc Fàbregas y Alexis Sánchez, por los que pagó 60 millones entre ambos.
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