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Con el Sevilla, el Benfica y el Real Madrid en tres partidos consecutivos, el Barça empieza la cuesta, la verdadera temporada. Un trío sólido y competitivo que pondrá a prueba nuestro estado de forma. Tres estilos de juego diferentes que examinarán el valor de las variantes tácticas de Tito Vilanova. Los resultados favorables conseguidos hasta ahora y la ventaja de puntos en la Liga son una buena propina en la línea de salida ante la hora de la verdad.
Información publicada en la página 47 de la sección de Deportes de la edición impresa del día 29 de septiembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Que conste que esta propina ha sido ganada con sudor. Al Bar-
ça el rodaje le ha costado más esfuerzo del previsto y todavía no está al ciento por ciento. Si el Madrid ya se arrastra por detrás es gracias a mucho fútbol-paciencia-abrelatas frente a varios cerrojos bien engrasados. Y gracias -eso es lo más prometedor— a aplicar sobre la marcha una novedosa gama de variantes tácticas en función de las dificultades. Tienen razón quienes sostienen que el Barça de este último mes y medio es inferior al de los mejores momentos de los recientes años gloriosos. Pero hay un mérito valioso: ha aprendido a ganar mientras se rueda.
Asimismo, es cierto que el arranque del momento de la verdad nos pilla aún con excesiva irregularidad de ritmo sobre el terreno de juego, nos pilla con más lesionados que nuestros competidores y nos pilla sin haber terminado de acoplar a los nuevos miembros de la plantilla. Tito Vilanova y los jugadores, pero también los seguidores y el entorno mediático, necesitaban dos o tres semanas más de asentamiento, unos futbolísticamente y otros en el plano psicológico. Pero llega este desplazamiento a Sevilla que es más exigente que los de Getafe y Pamplona, estamos convocados después para una medición de fuerzas europea con el siempre peligroso Benfica, y tendremos a continuación, sin pausa, un pulso con el Madrid. Lo del Real tiene miga: si se le gana, la Liga podría quedar encarrilada antes que en ninguna otra temporada de la historia. En caso de empate o derrota, el único hándicap sería moral.
Lo confirmo: precisábamos de dos o tres semanas más. Para acabar de ajustar las emergencias de la defensa tras las ausencias de Puyol, Piqué y Jordi Alba; para ajustar las consecuencias de la mejora de Cesc, que puede incluso modificar los esquemas de juego; para certificar si este año Alexis y Villa van a ser o no verdaderamente importantes; para confirmar a Tello, que sin tener siquiera un sitio oficial en la plantilla ha hecho cosas decisivas. Porque estas son las verdaderas cuestiones que hay sobre la mesa, problemas muy razonables por cierto, y no otras. No otras, por mucho que algunos que reconocen la categoría de Vilanova como técnico se atrevan a darle públicamente lecciones sobre cómo debe administrar la integración de Song y Bartra, o por mucho que otros diabolicen a Messi por sus nervios ante un mal pase de Villa cuando un partido estaba embarrancado. Tan solo los que nunca han jugado a fútbol y los demagogos pueden magnificar eso, independientemente de que, por otra parte, el argentino no sea el Santo Niño de Emaus.
En cualquier caso, dentro de ocho días, tras este tobogán con tres jorobas que nos depara el calendario, empezaremos a tener datos fiables sobre lo que hará este año el Barça.