Manel Lucas
Antes de que empezara este partido, estuve esperando con interés que se suspendiera. Por cualquier motivo: una plaga de hongos en el césped, un ataque de alergia leve pero generalizado o una huelga de jueces de línea. Como tantas otras esperanzas que he depositado en esta Liga, tampoco esta se cumplió. Y después de que el partido se jugara, sigo creyendo que nos lo podríamos haber evitado. Ni siquiera en el caso de que el Espanyol hubiera ganado consideraría que merecía la pena el esfuerzo. Los periquitos hemos despedido ya la temporada y andamos ya preocupados por lo que nos deparará el verano.
Información publicada en la página 57 de la sección de Deportes de la edición impresa del día 06 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Total, que estaba claro que no nos iba a aportar nada interesante esta visita al Camp Nou. Y así fue. No apetece ser el esparrin de una fiesta a la que no se te ha convidado -ni correspondía que te convidaran, por supuesto-. Pero, en fin, así son las cosas, así las coincidencias temporales, y no vale la pena comerse el coco por ello.
Ahora ya está. Bueno, queda el último trámite, contra el Sevilla, otro marrón que pagaría por ahorrarme. Y a continuación, a enfrascarnos una vez más en el eterno debate: ¿Qué somos? ¿A qué aspiramos? ¿Por qué nos pasamos el tiempo debatiendo sobre este asunto?
Pochettino encuentra a la directiva poco ambiciosa. Es lo mismo que dijo Kameni horas antes de entrar en un ostracismo al que contribuyó decididamente el míster, y que no terminó hasta que se enfundó la camiseta del Málaga (por cierto, el camerunés debería besar el suelo por donde pisa Poche, porque gracias a ese enfrentamiento puede estar en Champions). Es lo mismo que cree buena parte de la afición. Y la directiva replica que la tesorería manda.
Es probable que los dirigentes periquitos pequen de un exceso de realismo, y miren más al balance de ingresos y gastos que a lo que ocurre sobre el césped. Siempre he creído que economía y resultados deportivos no tienen por qué ser dos mundos separados, y que un equipo que se prestigie mundialmente por un éxito remarcable aumenta el cachéde sus jugadores, y eso redunda en las arcas del club. Este año pensé que por fin mi opinión coincidía con la de la directiva, y aplaudí los fichajes de invierno como una manera de consolidar las opciones europeas. Pero, sorprendentemente, no ocurrió eso, sino todo lo contrario. Es terrible esta paradoja: un equipo reforzado ha terminado por ser un juguete roto.
¿Dónde ha estado el error? Si todos creímos que se había fichado bien, no vale ahora replicar lo contrario. ¿Hay un gran cambio de alineación entre la que llegó a la cuarta posición y la que puede terminar por debajo de la décima? No lo creo. Algunos dirán que notan la ausencia de Javi Márquez, y otros pedirán más Álvaro y menos Uche. Pero lo cierto es que ningún jugador puede presumir de haber estado solo en las victorias. Es decir, son el mismo entrenador, el mismo equipo y la misma directiva con o sin ambición las que han hecho lo bueno y lo malo. El análisis no es tan sencillo, como tampoco lo es definir los culpables. La culpa está repartida.