Todo empezó con Pep Guardiola en el mítico 2-6 al Madrid en el Bernabéu y hoy, más de tres años y 198 goles después, con Tito Vilanova en el banquillo y tras el empate del último clásico (2-2), todo sigue igual. Bueno, igual no, similar. La figura de Leo Messi como falso nueve ha evolucionado al ritmo que los rivales han ido buscando un antídoto. Ha crecido en todos los sentidos incluso en los lanzamientos de falta.
Tito busca soluciones porque si nadie corre al espacio los ataques se convierten en estáticos, más o menos como los del balonmano. La opción más utilizada hasta ahora explica la titularidad de Cesc en todos los partidos de Liga y Champions. El plan lleva a Messi a jugar por detrás de una línea de tres, siguiendo el partido ante el Madrid, formada por Pedro por la derecha, Iniesta por la izquierda y Cesc por el centro.
Partiendo de esta posición tan alejada, Messi mantiene toda la libertad para dejarse llevar por su intuición llegando cómo y cuando lo considere oportuno, como en ese gol de listo tras el mal salto de Pepe, pero su rendimiento global se aleja de su auténtico potencial. Para entendernos, es el Messi que habitualmente se veía con Argentina antes de que llegara Sabella. El Barça necesita que Messi vuelva a activarse en esta labor. Pese a todo, los números goleadores de la estrella siguen siendo realmente espectaculares: ocho goles en siete partidos en la Liga, dos tantos en dos encuentros de la Champions y otro dos en el doble duelo de la Supercopa de España.
>> Lea el análisis completo del juego de Messi desde el pasado hasta la actualidad , según Xavi Torres en e-Periódico.