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¿Juega igual?

Messi continúa evolucionando en su fútbol, con matices nuevos, algunos desconocidos, como ese acierto que exhibe en el lanzamiento de faltas

Sábado, 20 de octubre del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
PERIODISTA DE TV-3

Todo empezó con Pep Guardiola en el mítico 2-6 al Madrid en el Bernabéu y hoy, más de tres años y 198 goles después, con Tito Vilanova en el banquillo y tras el empate del último clásico (2-2), todo sigue igual. Bueno, igual no, similar. La figura de Leo Messi como falso nueve ha evolucionado al ritmo que los rivales han ido buscando un antídoto. Ha crecido en todos los sentidos incluso en los lanzamientos de falta.

JORDI COTRINA

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Información publicada en la página 504 de la sección de Fútbol de la edición impresa del día 20 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

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El inicio

El 2 de mayo del 2009, Guardiola sorprendió a Juande Ramos con una lección magistral. Para afrontar el decisivo Madrid-Barcelona, con los blancos lanzados gracias a una maravillosa racha, Pep situó a Etoo y Henry en las bandas para dejar a Messi por el centro, más retrasado, jugando cerca de Touré, Xavi e Iniesta para buscar superioridades por el centro y destrozar a los centrales madridistas: Metzelder y Cannavaro. El Barça silenció al Bernabéu. La generación y el aprovechamiento de los espacios fue tan perfecta que ese partido entró en la leyenda del fútbol y marcó un antes y un después en la vida futbolística de Messi. Desde entonces, La Pulga dejó la banda con el legado de unos números excelentes: desde su debut en Oporto, el 16 de noviembre del 2003, con 16 años y 145 días, hasta aquel partido Messi anotó 87 goles (oficiales y amistosos) en 178 partidos, casi medio gol (0,48 exactamente) por aparición.

El Messi extremo se convirtió en el tercer mejor jugador de Europa en el 2007 (tras Kaká, Balón de Oro, y Ronaldo) y en el segundo el 2008 (tras el portugués). Con solo 20 años rozaba la gloria. Guardiola, sin embargo, intuyó que su potencial era muy superior a la realidad numérica y decidió intervenir. El cambio de posición y todo lo que ha generado ese movimiento ha convertido al diez argentino en uno de los grandes de la historia del fútbol, al nivel de Di Stéfano, Pelé, Cruyff y Maradona. El Messi falso nueve ha roto las estadísticas: 198 goles en 196 partidos, más de uno de media. Su fútbol de lujo le ha valido tres Balones de Oro (2009, 2010 y 2011) y sus dianas le han dado dos Botas de Oro como mejor goleador universal (09-10 y 11-12).

Con tan solo 25 años, este rosarino que vive en Barcelona desde hace 12 años, ya ha ganado mucho más que nadie, aunque asume que le falta lo más importante con la selección argentina: el Mundial.

Aún más difícil

La evolución de la táctica de Guardiola hacia un sistema pensado alrededor del crack provocó la inmediata reacción de sus rivales. La permanente superioridad en el centro del campo que provoca la presencia de Messi como cuarto hombre, la elaboración de los famosos triángulos en el ya mítico juego de posición ideado por Cruyff que provoca la desesperación del rival por las exageradas posesiones azulgranas y la velocidad de ejecución de una idea única y exclusiva que tanto éxito ha traído obligando a la respuesta de los entrenadores: muchas horas de vídeo para encontrar soluciones: presionar arriba (como el Valencia de Unai Emery) o cerrarse atrás (como casi todos); marcar al hombre (como el Almería de Hugo Sánchez), ofrecer las bandas y cerrar por dentro (última moda), aprovechar la estrategia por la escasa altura de los futbolistas azulgranas y un largo etcétera de operaciones que, en la mayoría de los casos, han fracasado.

Pero, como es obvio, todo cuesta cada vez más. El Barça de Vilanova ha jugado 11 partidos y solo en tres (Real Sociedad, Getafe y Benfica) se ha visto al equipo jugar cómodo. En los otros ocho ha sufrido por el resultado, un hecho extraño en la trayectoria de este equipo.

La razón es evidente: atacar es más difícil que defender y encontrar soluciones para destruir resulta mucho más fácil que para atacar. Los rivales cada vez conocen mejor los circuitos de paso del balón y los movimientos de los futbolistas y por eso Messi y compañía parecen menos contundentes.

En el clásico ante el Madrid, Messi marcó dos goles decisivos. Tres años, 5 meses y 6 días antes, el argentino también le hizo dos a Casillas en aquel mítico 2-6. No hay diferencias numéricas pero sí muchísimas futbolísticas que nos llevan a la reflexión sobre la evolución de Messi dentro de este sistema. Por ejemplo, en la posesión: el diez intervino en el Camp Nou en 101 ocasiones, 30 más que en el Bernabéu, pero, sin embargo, su aportación en Madrid fue mucho más decisiva para el triunfo final. Es evidente que el factor sorpresa ayudó, pero también su posicionamiento fruto de la táctica de Mourinho.

Lejos del área

¿Cuál es la diferencia? Esencialmente el punto donde Messi se sitúa para recibir el balón. Guardiola quería que su jugador se echara unos metros atrás respecto de la tradicional posición del delantero centro clásico para sacar a los centrales de su posición y generar unos espacios que debían aprovechar los extremos. Henry marcó dos goles así en el 2-6 con esta puesta en escena tan sencilla de Messi. Cuando los defensas dudaron y no salieron a presionar la posición atrasada del jugador argentino, su asociación con Xavi e Iniesta permitió la combinación para llegar con espacios y en tromba al área. Así llegaron las dos últimas dianas. Pero poco a poco los equipos han entendido el plan: el miedo les ha llevado a jugar con el culo pegado a su portería y han preparado bien los dos escenarios posibles. Si Messi juega cerca del área, colocan una jaula de marcadores a su alrededor; si baja a recibir, acumulación de centrocampistas para bloquear sus movimientos. La consecuencia es que el argentino no entra en juego, se angustia y decide buscarse la vida para tocar el balón. ¿Dónde? Demasiado lejos del área, demasiado lejos del peligro.

En el último clásico, Messi recibió el 90% de los balones al pie y la mayoría jugando prácticamente de interior, allá donde podía recibir sin problemas. Ni para él ni para Casillas. Las apariciones del delantero argentino parecían más la de sus inicios que las de los últimos tiempos, obligado a grandes conducciones y a eslálones improductivos. Hay dos consideraciones sobre este asunto.

1. Hacerle una falta ahí no penaliza. En el 2009 recibió la mitad que en el último partido (seis faltas ahora por tres entonces). Cualquier defensa se atreve a tirarlo en el círculo central; en cambio, tienen miedo cuando la acción transcurre en la frontal del área. Veamos el último partido: en el minuto 59 Xabi Alonso lo derriba cerca del área. Podía haber sido la segunda tarjeta para el vasco pero es que, además, el lanzamiento del propio Messi acabó con el balón dentro de la portería del Madrid; en el 69, ni Pepe ni Arbeloa se atreven a entrarle así que intenta una pared con Alba que acaba con un chut fuera; 10 minutos después, ni Ramos ni Pepe ni Arbeloa alargan la pierna así que en el último instante cede a Iniesta, que no remata bien y pierde una buena opción. El cambio de ritmo de Messi en estas demarcaciones es letal pero solo se vio tres veces. Escaso bagaje.

2. Estando tan lejos del área no puede dar asistencias. Messi centra la atención de dos o tres rivales lo que quiere decir que hay compañeros libres. Es una evidencia que jugando de interior no puede ayudar al equipo en una acción que tanto domina, el último pase, y que tanto ha mostrado últimamente. Ante el Madrid apenas un par de opciones.

Balón al espacio

El estudio del juego ha llevado a muchos entrenadores que se enfrentan al Barça a la conclusión de que hay que eliminar los espacios que se abren a la espalda de propia defensa. O sea, hay que poner el autobús. En el 2-6 del 2009, Messi corrió al espacio en 13 jugadas, en nueve recibió el balón y en otras cuatro, no. En dos carreras de estas llegaron sus dos goles pero también ocasiones sensacionales, como las del minuto 23, tras una jugada de Alves, o la del 87, con Bojan entrando desde el extremo aprovechando un desmarque de ruptura de Messi. Demostró generosidad en el esfuerzo y asumió un rol de abre-espacios sin problemas. La situación ha cambiado mucho.

En el último clásico, solo corrió al hueco cinco veces de las cuales solo en una no recibió el balón. En tres de estas corrió para volver a jugar y en la que falta demostró su intuición corriendo desde la frontal del área grande hasta la de la pequeña para rematar el 1-1 en una pelota muerta tras el alocado e infantil salto de Pepe. Conclusiones: Messi es menos esforzado en los desmarques (hay quien piensa que su condición de triple Balón de Oro le ha dado galones y le ha acomodado ciertos comportamientos, como por ejemplo, los necesarios para ayudar un poco más en la primera fase de la presión) y solo corre si tiene claro que va a volver a recibir. De ahí ciertas discusiones con algunos compañeros que deciden no pasarle la pelota.

Vuelta al origen

Tito busca soluciones porque si nadie corre al espacio los ataques se convierten en estáticos, más o menos como los del balonmano. La opción más utilizada hasta ahora explica la titularidad de Cesc en todos los partidos de Liga y Champions. El plan lleva a Messi a jugar por detrás de una línea de tres, siguiendo el partido ante el Madrid, formada por Pedro por la derecha, Iniesta por la izquierda y Cesc por el centro.

Partiendo de esta posición tan alejada, Messi mantiene toda la libertad para dejarse llevar por su intuición llegando cómo y cuando lo considere oportuno, como en ese gol de listo tras el mal salto de Pepe, pero su rendimiento global se aleja de su auténtico potencial. Para entendernos, es el Messi que habitualmente se veía con Argentina antes de que llegara Sabella. El Barça necesita que Messi vuelva a activarse en esta labor. Pese a todo, los números goleadores de la estrella siguen siendo realmente espectaculares: ocho goles en siete partidos en la Liga, dos tantos en dos encuentros de la Champions y otro dos en el doble duelo de la Supercopa de España.

En la temporada pasada, Messi firmó 73 goles, pero el Barça no ganó los trofeos mayores. El objetivo ahora es que Messi marque tantos como esos pero que, además, Villa y Pedro superen los cinco de Liga del curso pasado o Alexis y Cesc pasen de los 11 y 9, respectivamente. Si suman todos, al Barça le saldrá redondo.

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