En una inmensa sala de un lujoso hotel del centro de Bucarest, antes del último partido de la pretemporada del Barcelona, comparecía Jordi Alba, el único fichaje azulgrana del verano. De momento. A la espera de que llegue Song, el centrocampista defensivo del Arsenal, que ha reclamado Tito Vilanova.
Alba ha respetado la decisión de Vicente del Bosque, el seleccionador español, de no llevarle al amistoso de Puerto Rico ("es un asunto suyo, me quedaré esta semana trabajando más duro", ha dicho), ignorando las críticas que ha recibido desde Madrid ("no me importan lo que digan los demás", ha comentado), volcado en su estreno oficial con el Barcelona.
"Tuve un golpe en la rodilla derecha en el primer entrenamiento. pero estoy bien. Puedo jugar", ha declarado Jordi Alba, un futbolista que salió de La Masia (era demasiado bajo, diagnosticaron los técnicos entonces) y ha vuelto ahora, previo pago de 14 millones de euros al Valencia, a su casa.
"Salí después de haber estado siete años allí. Cuando me fui tuve que buscarme la vida por ahí", ha dicho en referencia a su estancia en el Cornellà, Valencia, con cesión incluída al Nàstic de Tarragona, y consagración definitiva en Mestalla. "Tuve que buscar otros camino por diferentes circunstancias. He trabajado duro para poder volver hasta aquí. Por fin vuelvo a mi casa, al mejor equipo del mundo, a intentar hacer un buen papel aquí. El recibimiento ha sido muy bueno, parece que lleve toda la vida con mis compañeros, más no puedo pedir".