El pasado 17 de junio, en el play-off de la final de la Liga contra El Pozo de Murcia, Javi Rodríguez (Santa Coloma de Gramenet, 1974) jugó su último partido en el Palau. Manteado por los compañeros y homenajeado por la afición, vivió un día inolvidable. "Me costó muchísimo jugar aguantándome las lágrimas", confesó. Los Dracs, el grupo de animación más fiel del Palau, le dedicó una pancarta significativa: Javi Rodríguez. Un capitán, un sentimiento, un mito, un orgullo, un amigo. Gracias, Javi 7. Después de seis años en el Barça, el jugador más emblemático de la historia del fútbol sala se despidió de una afición que le idolatró desde el primer día.
Javi Rodríguez dejó el Barcelona y muchos culés le perdieron la pista. ¿Se iría el mito a otro equipo de la Liga? ¿Seguiría en el cuerpo técnico del club azulgrana? ¿Se iría al extranjero? "Tuve muchas propuestas de España, pero me apetecía una nueva aventura. Quería cambiar. Vestir la camiseta del Barça es diferente a todo. Después de estar tantos años allí no me veía enfrentándome a ellos. Hubiese sido duro para mí", cuenta el carismático ala-pívot en conversación telefónica con este diario.
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