Ya no solo los tiene montados sobre sus bíceps de arador de surcos para tuberías de agua, ahora Julià Márquez los tiene metidos ya, de pleno, en el mismo Mundial, en el de verdad, allí donde la velocidad es extrema, el riesgo enorme, la popularidad contagiosa y la recompensa, o el fracaso, inmensos.
Marc, a la izquierda, su padre Julià y su hemano Àlex, celebraron así el título del joven de Cervera de 125cc en el 2010. ARCHIVO / EMILIO PÉREZ DE ROZAS
Información publicada en la página 313 de la sección de Deportes de la edición impresa del día 15 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Los hermanos Márquez, como hasta ahora han hecho los Espargaró, van a compartir experiencia total a partir de este fin de semana en Indianápolis. El pequeño -bueno, no tan pequeño- Àlex, líder del campeonato de España (CEV) de Moto3 con 16 puntos más que el alemán Luca Amato a falta de dos carreras, ha sido contratado por el equipo Ambrogio Next Racing para correr lo que queda de Mundial. Lo hará, por suerte, con la misma Suter que utiliza en el campeonato español. Y, vigilándole, cómo no, estará su hermano Marc, líder de Moto2, igual que hace Aleix (MotoGP) con su hermano Pol (Moto2).
Papá Márquez no dice nada, pero su fina figura empieza a adquirir aspecto de halterófilo, pues no cabe en sí de felicidad. «Emilio [Alzamora] pensó que era una gran oportunidad que Àlex aceptase compatibilizar el Mundial con el CEV, ya que de esta forma conocerá circuitos nuevos y adquirirá una magnífica experiencia que le servirá en el futuro. Ahora tendré que cruzar los dedos de las dos manos, pero en casa estamos muy contentos porque ellos lo están», señaló el padre de las criaturas.
La osadía del benjamín
Marc, que intenta que Àlex no le gane ni a la Play ni a las canicas -«ni siquiera en flexiones en el gimnasio o en las carreritas de bici que hacemos para mantenernos en forma»-, cree que su hermano ha de ir «paso a paso». «Si tuviese que decir algo sobre él, diría que me parece un piloto muy atrevido», sentencia el líder del Mundial de Moto2, que añade: «Àlex sabe que esta es una gran oportunidad, pero también sabe que ha de tomársela con calma y no querer hacer en un fin de semana lo que es una labor de semanas, meses y años».
Àlex, que confiesa haberse llevado una «tremenda sorpresa» cuando Alzamora le dijo que existía la posibilidad de engancharse al Mundial en el Gran Premio de Indianápolis, afirma que «el apellido no te hace ganar, ni siquiera estar delante». El pequeño Márquez, de 16 años (Marc tiene 19), elogia «la serenidad que demuestra Marc en las carreras, su meticulosidad al preparar los entrenamientos durante todo el fin de semana y, sobre todo, lo limpio, elegante y finito que es en sus trazadas». «¿Que si soy más atrevido que él?», se pregunta Àlex. «Yo, con ser como él, ya me conformaría».