Cualquier intervención de Vicente del Bosque recibe cobertura informativa. Es comprensible. Es el entrenador de la selección española que ha conquistado un Mundial y una Eurocopa. Pero el nombre de Del Bosque no aparecía ayer en ninguna edición digital de los principales medios de comunicación radicados en Madrid pese a que fue entrevistado en la cadena SER el martes por la noche. Tampoco nadie volvió a publicitar el acreditado señorío del seleccionador. ¿Por qué? Porque dijo lo siguiente:
Información publicada en la página 48 de la sección de Deportes de la edición impresa del día 15 de septiembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
«Los catalanes tienen todo el derecho a defender la independencia. Cada pueblo debería tener la libertad de poder elegir su futuro».
La postura de Del Bosque contrasta con la inmensa mayoría de las opiniones españolas, refractarias a que casi dos millones de catalanes se manifestaran en favor de la independencia el pasado martes. El silencio en torno a la opinión del seleccionador de España, el cargo que ostenta Del Bosque, también contrasta con el debate que generó el mensaje de vídeo de Guardiola. «Desde Nueva York, aquí tenéis un voto más», dijo Josep Guardiola i Sala, que ya no representa a nadie más que a sí mismo, una vez abandonado el banquillo del Barça.
El reproche del colega
El nombre de Guardiola ha consumido horas de radio y televisión
-el de Del Bosque solo en la cadena SER-, y a ello se entregó Alfonso Pérez, excompañero en el Barça y en la selección, que le afeó una presunta falta de españolidad y que hubiera jugado con la Roja. Alfonso, seguidor del Barça de niño, y jugador luego del Madrid, expresó su «decepción» por los sentimientos de Guardiola y negó que esa hipotética traición fuera comparable a la suya por pretensiones profesionales. «No se debe mezclar la política con el deporte, ya que no casan demasiado bien y hay que respetar la diversidad de opiniones», afirmó Xabi Alonso, de ascendencia vasca, nacido en Barcelona y jugador del Madrid.
No reconoció Alfonso, ni los opinadores que se oponen al movimiento independentista -«si un millón y medio de personas salen a la calle es para tenerlo en cuenta, es por algo», advirtió Tito Vilanova- que el reproche formulable a Guardiola podría extenderse a decenas de deportistas. Nadie pidió un examen de españolidad ni dudó de la entrega de Di Stéfano, Valdez, Pernía, Rubén Cano (argentinos), Donato, Catanha, Marcos Senna (brasileños), Kubala o Puskas (húngaros), futbolistas nacionalizados por el interés patrio y como se ha repetido en otras disciplinas: el waterpolista cubano Iván Pérez, el pivot congoleño Ibaka, el atleta marroquí Abdelaziz Merzougui....
Los ataques a Fàbregas
Tal vez Guardiola, como esos deportistas nacidos en otros países, jugara con España por realización personal o por la ausencia de una selección catalana oficial, como le sucedió a Àlex Fàbregas, el jugador de hockey sobre hierba que también fue duramente atacado durante los Juegos. «Una camiseta se puede defender sintiendo lo que representa o por conseguir prestigio y títulos», opinó el comprensivo lateral madridista Álvaro Arbeloa.
El clamor de la calle, trasladado a los foros políticos y al deporte, dirige el debate hacia la posición y la adscripción federativa de los clubs. Sandro Rosell, el presidente del Barça, dijo no tener «ninguna duda» de que el equipo seguiría en la Liga, protagonizando clásicos con el Madrid, aunque el reglamento actual lo rebata. Su homólogo del Espanyol, Ramón Condal, ve problemas más inmediatos y urgentes como «los derechos de televisión y los horarios de los partidos». Ángel Torres, el presidente del Getafe, ve legítimas las aspiraciones soberanas catalanas y un beneficio económico a la expulsión del Barça de la Liga con una futura Catalunya independendiente: «Los clubs modestos cobraremos más».